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Blog: Karmenka desde los Polos

En helicóptero alcanzamos el Ártico Sueco

Tres días de navegación en el ferry al abandonar Islandia se pasan volando -casi en un abrir y cerrar de ojos- pues con la cantidad de trabajo de gabinete que traemos de estas semanas de campo, aprovechamos para irlo sacando adelante. Sentada al lado de la ventana, de vez en cuando levanto la cabeza del ordenador y dirijo mi mirada hacia el mar. Ese mar que queda atrás y ese mar que queda por recorrer. Por cada milla de navegación que avanzamos hacia el Sur tengo la sensación de dejar archivada en mi interior una vivencia, una emoción, una sensación de las acontecidas en esta expedición a Islandia. ¡Qué bonita la vida así vivida a tope!

Desembarcamos en el Norte de Dinamarca y de nuevo varios días de conducción en el Defender para recorrer, por las pequeñas carreteras de Suecia, los casi 2500 kilómetros que nos quedan para alcanzar el Norte, Nikkaluokta. Tenemos que dejar el todoterreno y recorrer los últimos kilómetros ya en helicóptero pues es zona de montaña, en el entorno del Kebnekaise que es la montaña más alta de Suecia con 2.103 metros. El helicóptero lo teníamos coordinado ya con el piloto, tanto el día de salida como el día que nos tienen que ir a recoger. La única comunicación que tendremos es con el teléfono satelital, allí no hay otro tipo de cobertura. Estaremos aislados por completo.

Ya en el entorno de Nikkaluokta podemos apreciar que la nieve cubre no sólo esta zona, sino el entorno de las montañas hacia el que tenemos que ir. En un mapa a detalle que ocupa una pared entera en el hangar del helicóptero, indicamos al piloto el lugar preciso donde nos tiene que dejar. Nos cuenta que el invierno este año fue muy cálido hasta febrero inclusive y que ya al final, tarde y fuera de temporada, cayó una nevada impresionante. Según nos va narrando estos cambios visibles en la meteorología propia del lugar, pienso para mis adentros que todos son consecuencia de ese calentamiento global que nos está indicando cada vez con más pinceladas que nos metemos en un cambio climático sin lugar a dudas. Nos alerta de que vamos a tener mucha nieve en la zona, y quedamos con él en aproximarnos al entorno deseado para acampar y una vez allí, según veamos las condiciones, terminar de decidir el lugar exacto del aterrizaje.

Manos a la obra, descargamos todo el equipo del Defender y lo embarcamos en el helicóptero. Vamos hasta los topes. La aventura de nuevo hace circular la sangre a toda velocidad por las venas. Alegría rebosante por la nueva expedición. Tiene un toque de magia el estar aislados, estar rodeados completamente de una buena capa de nieve y con la única comunicación del teléfono satelital. El piloto nos alerta también de que en los primeros días nos tocarán temperaturas de hasta -16ºC y ventiscas… ¡Esto promete!

Piloto, tres expedicionarios polares y una infinidad de carga, todos en el helicóptero. Sentada adelante -justo al lado del piloto que está ubicado a mi derecha- observo el panel de mando. No entiendo nada, pero no soy yo quien lo tiene que manejar, ¡claro está!. Carlos esta a mi izquierda para poder filmar desde delante y Adolfo va en el asiento de atrás, que se completa con carga y carga y carga… Aspas que empiezan a girar. Ruido de los motores. Auriculares y micrófono en la cabeza para poder hablar con el piloto. ¡¡¡Comienza la aventura!!!

Despegamos… siempre me ha fascinado volar en helicóptero. Las pocas veces que lo he hecho se han quedado las imágenes grabadas en mi interior para siempre. “El piloto tiene ya mucha experiencia de vuelos”, pensé cuando lo vi y hablé con él en tierra, pero pude comprobarlo después en el aire. Piloto y helicóptero eran uno solo y nosotros integrados en esa unidad. Sube, baja, gira, alabea, pasa a ras de las cumbres y en el último momento levanta el vuelo, ¡qué gozada! Nos ofreció un hermoso paseo por el aire de reconocimiento de la zona, sobrevolando los glaciares, las cumbres, los valles, todo cubierto de blanco, ese manto espeso de nieve que no tenía ni una sola huella humana. Esa naturaleza divina que nos esperaba…

  • Con el piloto, al aterrizar en el entorno de trabajo

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