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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Un viaje en el tiempo

    Guardar un instante en el tiempo pero una inmensidad en el alma. Una foto es solo una foto, un recuerdo, un instante, una captura… Sin embargo esa imagen puede ser mágica porque te transporta a un mundo de sensaciones experimentadas en el momento de realizarla. 

    La naturaleza me fascina -ya lo sabéis- y dentro de ella, el mundo polar para mí es indescriptible. Buscando fotografías para una próxima conferencia, me detengo ante ésta. ¿Por qué? No lo sé. Solo soy consciente de que mi mente en cuestión de milésimas de segundo, emprendió un viaje en el tiempo y hurgando dentro de mí aparecieron infinitas sensaciones, emociones que habían quedado tatuadas en mi esencia. 

    Es una imagen sacada desde un barco, navegando por la zona de la Península Antártica hace algunos años. No sé si a vosotros os puede evocar algo: paz infinita, majestuosa serenidad, radiante quietud, felicidad profunda… No lo sé. Por si acaso podéis hacer un paréntesis en este estresado mundo y disfrutar de un rato de relax, os la dejo aquí. 

    • Un viaje en el tiempo

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  • La quietud del otoño

    Dejamos el caluroso verano y el otoño nos prepara para el inverno. Inicialmente semanas de calor que parecen prolongar el verano se van alternando con otras más frescas y así poco a poco y sin darnos casi cuenta, alcanzamos el verdadero otoño. Las primeras nieves cubren las zonas más altas en las montañas y esa evidencia de que el invierno entrará nos hace ser conscientes que tenemos que aprovechar al máximo esta etapa de tránsito otoñal, que ha sido capaz de envolvernos en su magia casi sin darnos cuenta.

    Los árboles caducifolios toman la decisión más adecuada cuando las condiciones externas dificultan el trabajo de sus raíces. Conseguir agua y nutrientes es cada vez más complicado con menos horas de luz, una radiación solar que disminuye considerablemente y suelos que comienzan a helarse. Mantener el follaje se hace complicado, la acertada estrategia es perderlo. La savia se retira y las hojas abandonadas a su suerte caen con el viento y la lluvia.

    En los días soleados de noches frías, los colores intensos resaltan la gran gamma que nos brinda la naturaleza. Las heladas todavía no han quemado las hojas y el espectáculo es magnífico.

    Quizás sea esta estrategia de los árboles la que nosotros seguimos, sin ser a lo mejor conscientes de ello. De alguna manera nos despojamos del estrés que nos produce este mundo acelerado y competitivo que hemos creado, nos sacudimos los sinsabores, las preocupaciones,… de la misma manera que los árboles abandonan sus hojas. El cuerpo nos pide salir al campo, a la montaña, disfrutar del hermoso paisaje otoñal, identificarnos con la naturaleza mientras nos envuelve una gran quietud y tranquilidad y nos vamos quedando con lo intrínseco, con lo que nos caracteriza a cada uno de nosotros, con lo que realmente merece la pena. Es la quietud del otoño. 

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