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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Libertad indescriptible en el glaciar

    Tras llevar cuatro años sin realizar expediciones por falta de financiación, el primer día de entrada a nuestro glaciar Kviarjökull, la ilusión que siento es desbordante. Para ubicároslo en el tiempo, esto tiene lugar justo el día anterior de conseguir extraer los datos en nuestra estación, después de llevar dos días con intentos fallidos. Yo creo que ayudó a descargar mi mente y obsequiarme con la solución del problema.

    Subimos Carlos y yo para hacer una primera exploración, buscar ríos en el interior del hielo, cuevas, encontrar zonas donde poder grabar una buena descripción del drenaje en el interior del glaciar. Adolfo se queda en el campamento. Desde el incremento tan brutal de turismo y tras haber sufrido el violento robo hace cuatro años cuando estuvimos por última vez, no nos quedamos tranquilos dejando todo el material solo. Según estamos preparando el equipo básico para el glaciar, mi corazón se acelera y siento que la sangre circula a velocidad por mis venas. La emoción está a flor de piel… Tantos años sin tocar un glaciar…

    Comenzamos acercándonos por el centro de la morrena frontal, atravesando las más antiguas, ya sin hielo de años anteriores. Sabemos que el paso para entrar en el glaciar no es por aquí, pero interesa filmar lo más posible toda esta parte del glaciar también. Una vez hecho el trabajo de imagen de esta parte frontal, abordamos el remonte del cañón de la margen lateral izquierda. Cuando vemos que la correspondiente morrena lateral nos permitirá el paso, dejamos el avance cómodo por la tundra en esa parte alta del cañón y nos proponemos atravesar dicha morrena.

    Ya sabéis que las morrenas están formadas por todos esos materiales de roca, piedras, sedimentos que va transportando la masa helada del glaciar en su avance y los va acumulando a modo de barreras en diferentes posiciones del mismo. Está así la frontal, que se ubica horizontalmente en el frente del glaciar, las laterales que como su nombre indican se encuentran longitudinalmente en las márgenes del mismo, y además, según la orografía del terreno, podemos encontrar otras centrales posicionadas en el interior del glaciar. Estas morrenas aunque superficialmente las vemos como montañas de piedras, cascotes y barro, en realidad tienen hielo en su interior, y el avance por ellas suele ser bastante complicado debido a la inestabilidad de las mismas.

    Una vez atravesada nuestra morrena lateral y ya en el hielo glaciar, no pude menos que golpear con fuerza mis botas -con los crampones atados- sobre este hielo. Era una especie de saludo, de reencuentro con el glaciar, como un “choca esas cinco, amigo”… Cuatro años sin tener esta maravillosa sensación al pisar sobre el hielo. ¡Cuánto lo había echado de menos! Allí en medio del glaciar, mi mochila pesada a mis espaldas parecía haberse aligerado, me sentía feliz, una intensa sensación de libertad invadió mi interior y me emocionó. Miré a Carlos, un súper compañero expedicionario -es difícil encontrar a personas tan válidas para estas aventuras polares-. Percibí también su felicidad y emoción de adentrarnos sobre el glaciar. Con esa sensación de paz inmensa, de que el tiempo se ha detenido o de que nunca ha existido el cómputo que hacemos de él, nos adentramos hacia el centro del glaciar.

    Lo que vamos viendo según nos acercamos es desolador, todavía más de lo que percibíamos desde lejos. El glaciar ha perdido una considerable masa en estos casi cinco años sin visitarlo. No solamente su frente glaciar ha retrocedido una barbaridad, el espesor de hielo perdido es increíble. Tanto que no es posible encontrar ya cuevas en su interior, ni esos enormes conductos por los que circula el agua en sus entrañas… Casi no queda hielo en su parte frontal para albergar todas estas formaciones. Poco a poco, el glaciar va perdiendo su lengua glaciar en el frente y va quedando cada vez más colgado en el valle, con sus innumerables grietas o seracs, generados en el hielo debido a los cambios de pendiente en ese descenso por las paredes del valle frontal.

    Absortos con el ambiente tan desolador que tenemos bajos nuestros pies, perdemos la mirada casi en el infinito, hacia el mar, allá en la lejanía tenemos el campamento, no lo vemos por la distancia, pero sabemos donde ubicarlo. Grabaciones de Carlos con la cámara fija y algunos vuelos con el dron. Consigue hacer una perfecta radiografía del estado actual del glaciar. Le gustará verla a Adolfo. ¡Qué pena no haber contado con esta herramienta, años antes, cuando empezamos a trabajar aquí!

    El tiempo se nos pasa volando. Hay que regresar antes de que oscurezca, al menos salir del glaciar pues puede convertirse en algo peligroso sin luz. Rápido, pero con precaución, emprendemos el camino de regreso. Salimos del hielo glaciar, cruzamos la morrena y avanzando ya por la zona de tundra, nos relajamos, disminuimos la velocidad. Nuestras mentes siguen en el glaciar… Este avanzar más pausado por la espesa tundra, a modo de alfombra que amortigua cada paso y en la que descansan nuestros pies del trabajo que han tenido que realizar horas antes, provoca en ambos un cansancio que nos invade de golpe. Tenemos la sensación de no alcanzar nunca la zona del campamento…

    Casi 20 kilómetros hemos recorrido, subiendo y bajando morrenas, avanzando por el hielo buscando el camino en medio de un laberinto de grietas, clavando con fuerza los crampones en las crestas de las mismas. Las sensaciones en nuestro interior tienen dos vertientes, por un lado esa maravilla de libertad al pisar el hielo glaciar y por otro esa desolación al encontrarlo con un deshielo tan avanzado. Una balanza difícil de encajar…

    • KARMENKA GLACIAR

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  • ¡¡Vaya semanitas de adaptación!!

    Desde nuestra llegada de la expedición han pasado ya tres semanas… ¡y vaya semanitas! Una verdadera vorágine que intenta una y otra vez capturarme. ¡Sí, sí!, habéis leído bien “intenta”, porque no lo consigue. Tengo unos aliados inseparables que no me abandonan en esta misión. ¿Queréis saber algo más de estos aliados? Son los gratos recuerdos del Sur, ¡sí!, tan sencillo y tan inusitado como unos gratos y sinceros recuerdos.

    Muy bien analizaba y describía Alejandro hace algunas semanas en el artículo “El Espíritu Antártico”, la razón de estas sensaciones. Por un lado, el paisaje helado con su grandeza y sencillez al mismo tiempo, colmado de un profundo silencio y una soledad inmensa, inundando todo de una paz contagiosa.  Y por otro, sus gentes que son capaces de crear un entorno donde priman la solidaridad, la lealtad, la sinceridad, el desinterés, la bondad, la honradez, la confianza, la camaradería…

    Juntad ahora esos ingredientes, imaginad el fantástico resultado… pues ese es el tesoro que tengo guardado en mi interior. Esas añoranzas de un ambiente tan confortable y armonioso que podría calificar de idílico.

    Os decía en el último artículo… de hace ya tres semanas (vaya velocidad de vértigo aquí en el mundo civilizado), que el contraste es grande. Sigo percibiendo esa tremenda disparidad, pero voy saliendo adelante. Resueltos los temas más urgentes, retomo el Blog.  Expedicionarios, es un verdadero placer ver cómo seguís avanzando, despacito en estas últimas semanas, pero avanzando. Se nota que andáis de exámenes. Sería estupendo si podéis continuar cada grupo por donde lo tenéis pendiente, a ver si cuando os vayáis de vacaciones sois capaces de mirar al cielo, observar las nubes y hacer vuestras primeras predicciones.

    Cuando tengáis todo el trabajo hecho, podemos ir pensando en juntarnos todos y así nos conocemos en realidad y pasamos de la virtualidad al mundo real. 

    • La inmensa paz antártica

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  • Momentos mágicos llenos de paz

    He estado pensando mucho cómo retomar la narración antártica, cómo zambullirme en aquella historia reciente y que al mismo tiempo parece que ha quedado atrás en un pasado remotísimo.

    Se me ha ocurrido algo especial, que confío nos transporte a todos en el tiempo y en el espacio, y seamos capaces de inmiscuirnos de nuevo en el Continente Blanco.

    Se trata de un precioso atardecer que sin llegar a la oscuridad, pasa a ser un  maravilloso amanecer. Verano y a la latitud a la que estábamos, ya sabéis que no hay noche.

    Fue mágico, las nubes jugaron con el Sol en su trayectoria, el viento cesó, el tiempo se detuvo por completo. Sentada en la orilla de la playa, al lado de la Base Artigas, mi mente voló, voló muy alto, a años luz y se impregnó de paz y magia…

    Os dejo este pequeño vídeo, a ver si soy capaz de compartir un poco con vosotros aquella quietud y armonía. Cuando lo veáis, olvidaros de todo, alejad de vuestra mente cualquier otra cosa, a ver si lográis embeberos un poco de la magia antártica. ¡Ya me diréis!         

    • Playa de Artigas al atardecer-amanecer

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  • Arica y el Valle de Azapa

    Arica

    Última etapa en nuestra mini expedición al Norte de Chile. Un paso rápido por la ciudad de Arica, porque después de tantos meses de tranquilidad, meterse en una ciudad es de locura para nosotros. Y más todavía con el calor que hace en Arica.

    Me llama especialmente la atención, la antigua Estación de Ferrocarril Arica-La Paz, que había sido inaugurada en 1913 y con un recorrido de 457 kilómetros de vía férrea unía ambas capitales. Se construyó de acuerdo al Tratado de Paz, Amistad y Comercio que celebraron Chile y Bolivia en 1904.

    Me gustó la Catedral de San Marcos que se inauguró en 1876 y fue diseñada por Gustave Eiffel con su característico estilo gótico. Tremenda curiosidad: se prefabricó íntegramente en hierro, sus muros y cielos están revestidos en planchas metálicas y lo único que es de madera, ¿sabéis qué es? La puerta, sólo la puerta de entrada.

    Dejamos en seguida la ciudad pues realmente nos encontrábamos fuera de lugar, aturdidos, aplanados por el sol, el calor, andando lentamente con nuestras botonas y ropa de campo mientras a nuestro alrededor la gente vestía tan solo alpargatas y ropas tremendamente ligeras. ¡Evidente, llegamos casi a los 30ºC! 

    Tomamos una pista hacia el Este que empieza a ganar algo de cota, adentrándose por el verde Valle de Azapa. Este valle ha sido creado por el llamado río San José y permite el cultivo en unas 3.200 hectáreas, rodeadas siempre por secos y yermos cerros. ¡Es tremendo el contraste! Y como en todos los lugares donde el agua escasea, siempre el ingenio para aprovechar este bien escaso. Gracias a ello tienen importantes cultivos de frutas y verduras, y sobre todo de… ¿a qué no sabéis de qué? Poseen grandes extensiones de olivos. ¡Sí!, cultivan la famosa “aceituna de Azapa”.

    Pero no sólo es conocido este valle por la agricultura que desarrollan en medio de este desierto, sino que importantes etapas del desarrollo histórico quedaron estampadas en estas tierras.

    Destacan los geoglifos, que son testimonios culturales del hombre del pasado. Son dibujos realizados en las faldas de algunos cerros, utilizando piedras apiladas y raspando tierra. Los realizaban conjuntamente diversos pueblos ancestrales. Se cree que fueron creadas para marcar el paso de los caminos entre la sierra y la costa, aunque por las características de su simbología, también se cree que cumplieron funciones rituales o de culto. ¡Sí!, también de todo esto he recogido abundante material de grabación y esta aprendiz de reportera-documentalista  os editará un video.

    Y llegó el final de verdad. Durante la noche del domingo al lunes emprendemos nuestro regreso a Punta Arenas. Dos “saltitos de avión” que nos llevarán del extremo más septentrional al más meridional de este país, tan variado como hermoso. ¡Chile! Sería bueno disponer de un año sabático para recorrerlo por completo. A lo mejor cuando me jubile, bueno… si llego a ello y existe para entonces jubilación… 

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  • Segundo trabajito quincenal

    Para esta ocasión os voy a proponer un trabajito original. ¡Sí!, cuanto más inédito sea, mucho mejor. Sólo os voy a proponer el tema, que será “La Antártida”. Ahora vuestra imaginación se pondrá en marcha y decidiréis hacia donde enfocarlo y con qué estilo. Es totalmente libre.

    Sin saberlo me habéis dado vosotros la idea. ¿Sabéis por qué? Vuestra frescura en los comentarios me ha hecho pensar que realmente vais a poder hacer un original trabajo sobre la Antártida si os dejo la vía libre completamente. Así que, ¡todo vuestro!

    Como tendréis las vacaciones de navidad dentro de poco y andaréis ahora con exámenes y mucho trabajo en el colegio, para que os salga bien lo que os pido, vamos a dejar el plazo de presentación abierto hasta vuestro regreso después de Reyes. De esta manera lo podéis ir perfilando a ratitos en las vacaciones. Pongamos por ejemplo, el 11 de enero. ¿Os parece bien?

    Os dejo hoy un pequeño video para que ahora que comenzará el barullo de las compras navideñas por esos lugares civilizados, tengáis presente que en otros lugares se disfrutan con gran intensidad, momentos llenos de tranquilidad. Son instantes repletos de paz que en medio de la soledad antártica, uno es capaz de capturar consigo para siempre.    

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