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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Toca decir adiós a Islandia

    Casi sin darnos cuenta llega el final de esta primera parte de la expedición. Ahora tenemos que embarcarnos en el ferry y regresar al norte de Dinamarca. De nuevo carretera con el Defender y tras unos 2500 kilómetros, alcanzar el Norte de Suecia donde dejaremos el vehículo, subiremos a un helicóptero con todo nuestro material y nos llevará hasta los pies de nuestra estación en el Ártico Sueco.

    Carlos va conduciendo, Adolfo de copiloto y yo, acomodada en el pequeño hueco que nos queda en la fila de asientos traseros, que tenemos desbordada de material. Mientras avanzamos hacia Seydisfjördur, al nordeste de Islandia donde embarcaremos, mi mente se evade a toda velocidad. Como una especie de película y a modo de flases, se suceden uno tras otro, todos los acontecimientos vividos en estas semanas. Por arte de magia en cuestión de minutos vuelvo a revivir, percibir y llenarme de nuevo de las sensaciones acumuladas en esta temporada, de las emociones que tan intensamente se han instalado en mi interior día tras día. Alegría, tristeza, cansancio, agotamiento, felicidad, paz, ilusión, agobio, esperanza, responsabilidad, melancolía, emoción, emoción y emoción… Todo plagado siempre de una emoción desbordante, una emoción que me inunda, una emoción que ya de por sí no soy capaz de controlar y mucho menos en plena naturaleza, donde siento que me bambolea con mas fuerza…

    Con esos relámpagos de sensaciones bombardeándome interiormente, descubro mi cara reflejada en la ventana tintada, los ojos brillantes se llevan mi atención y en ellos las lágrimas que empiezan a correr. Siento que me ahogo por la intensidad de los pensamientos. Tengo que aflojar un poco… Dirijo mi mirada en la lejanía a una fabulosa montaña volcánica de la costa, que luce a modo de sombrero unas nubes que se han quedado agarradas a su cumbre. El mar delante. Colores oscuros. Parece que va a empezar a llover. Hermosa combinación de tonos del mar, la montaña y el cielo. Abro la ventana, con el propio teléfono hago una foto para recordar el momento. El aire fresco que entra me espabila, me saca de mi ensimismamiento. Poco a poco se va disipando tanta intensidad de recuerdos. ¡Qué afortunada me siento! Se vive más en una expedición, que en un año entero en nuestra vida “civilizada”.

    Os propongo a vosotros hacer algo similar. De todo lo que os he ido contando durante esta expedición, de todo lo que habéis aprendido, de todo lo que habéis sentido, de lo que os ha sorprendido más, de lo que más curiosidad os ha producido, de algo que sabéis que jamás se os va a olvidar en la vida, de lo que queráis, escribidme brevemente sobre ello. Seleccionad algo y contádmelo. Será un verdadero placer para mí, ver qué momento inolvidable voy a compartir con cada uno de vosotros de esta expedición a Islandia.

    • Dejando Islandia

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  • ¡Qué tristes son las despedidas!

    Tratar de describiros cómo fue nuestra despedida en la Antártida, me llena de nuevo de emoción. No tengo casi palabras para este artículo, está lleno de sentimientos. Fue tremendamente conmovedor.

    Las despedidas de la Antártida son siempre muy difíciles, pues alejarse de lo que significa “la tranquilidad antártica” a todos los niveles es muy complicado. Eres consciente que en breve estarás de nuevo inmerso en el “alocado mundo civilizado”… ¡Tremendo contraste!

    Por mucho que pueda contaros, narraros, describiros… ¡creedme!, está a años luz de lo que se siente interiormente. Sólo si se ha vivido esta experiencia antártica se entiende de verdad.

    A toda esta realidad, añadid que hemos estado viviendo en nuestra casa, la Base Rusa Bellingshausen. No hemos sido unos extranjeros, hemos formado parte de una gran familia integrada por una veintena de personas. ¡Cómo no va ser triste la despedida!

    Siempre que está Oleg como jefe, consigue un equipo muy unido. Tiene esa habilidad para crear un grupo que se mueve en una verdadera atmósfera de familia. A algunos conocíamos de otras campañas, pero muchos fueron en esta ocasión la primera en la que nos encontramos y ¿sabéis la magia del entorno? A los pocos días, éramos ya todos como amigos de siempre.

    Una inolvidable fiesta con barbacoa incluida preparan en nuestro honor para la despedida. Cada uno te entrega un pequeño obsequio, muchos hechos por ellos mismos empleando sus habilidades. ¡Qué detalle tan agradable!

    El día de nuestro vuelo, todos estábamos tristes. Nosotros porque nos íbamos y ellos por nuestra partida. Eran conscientes además de que su estancia en el Continente Blanco también se acercaba a su fin. Está próximo a llegar el barco que lleva a la nueva dotación con todos los víveres y materiales que necesitan para un año más. La dotación de Oleg está cerrando su estancia de un año en la Base.

    Llega el día… el avión aterriza y todo se precipita. El final ha llegado de verdad. De nuevo esa sensación extraña del tiempo: parece haber sido un año entero en la Antártida, gracias a la cantidad de vivencias de estas semanas.

    No podemos detener más el tiempo, hay que subirse al avión ya. Abrazo tras abrazo, nos vamos despidiendo de cada uno. Un nudo se me instala en la garganta, no soy capaz de articular palabra… y mucho menos de detener las lágrimas. Quedan libres, resbalando por las mejillas… hasta que manos amigas las retiran.

    El avión con un viaje que parece un túnel en el tiempo, una aproximación al “mundo civilizado”. Llegada a Punta Arenas, atontada, desubicada, viajó mi cuerpo pero mi mente parece haberse quedado todavía deambulando por la Antártida… Le costará unos días alcanzar a mi cuerpo.

    Tengo que haceros un balance de lo que fue nuestra expedición antártica, lo que logramos hacer y lo que fue imposible, los planes de futuro… pero será en otro artículo. Ahora tenemos una etapa intermedia entre la “tranquilidad antártica” y el “alocado mundo civilizado” que es en el Campo de Hielo Norte chileno… y gracias a ella ese “salto” no será tan duro.

    • Preparando para la barbacoa

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  • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños

    Efectivamente amanece un día fantástico en la Antártida. El cielo completamente despejado, ni una sola nube. Debido a su proximidad con el estrecho del Drake, es una zona tremendamente complicada para la meteorología y es muy extraño poder observar el cielo completamente azul. De hecho, creo, que con todas las campañas antárticas que tengo en verano, es la primera vez que lo veo así de luminoso.



    Tras el desayuno, me preparo para salir al exterior y poder hacer unas cuantas fotografías del entorno en estas condiciones. A pesar del sol seguimos con temperaturas bajas de -12ºC, pero la ventaja es que el viento apenas llega a los 15 nudos, y por tanto no nos hace descender exageradamente la sensación térmica.

    Roberto, el Capitán de Fildes, me informa que el Hércules C-130 chileno ha salido de Punta Arenas y viene hacia acá. Ha confirmado también que estoy considerada como pasajera para regresar a Punta Arenas, y me indica que me solicitan estar a las 10:40 en el aeropuerto. Sonrío, al final parece que todo va a salir bien.



    Todavía con algo de penumbra abandono Fildes, quiero subir alguna colina próxima para tener unas buenas vistas de la zona y poder hacer alguna foto bonita, cuando salga el sol e ilumine la zona. No tengo mucho tiempo al solicitarme estar tan pronto en el aeropuerto. ¡Vaya, podían haber esperado un poco…!

    Debo llevar la cámara envuelta y protegida del frío, para que me permita trabajar con ella. La mantengo además próxima a mi cuerpo para pasarle algo de mi calor corporal. A pesar de los cuidados, tengo que tener precaución cada vez que la saco al exterior, pues no aguanta mucho tiempo a la intemperie.



    Ando ligera, a medio carrera en las zonas que el hielo me lo permite. La nieve está helada de la noche y es muy fácil resbalar. ¡Qué maravilla de paisajes! Poco a poco voy ganando altura y sorprendiéndome a mí misma de lo espectacular de este día. El sol va saliendo poco a poco y las luces, según cobran intensidad, cambian por completo el entorno.

    Tengo una magnífica vista panorámica de la Base Rusa Bellingshausen y las chilenas Frei y Fildes al fondo. La bahía que en verano sostiene tanta vida, ahora tiene helada ya una buena parte. La barcaza de los rusos “Anderma”, en la costa, marca muy bien el inicio de lo que era antes agua… Ahora, todo hielo.

    El sol, debido a la latitud elevada y la época invernal en la que estamos, hace su recorrido muy cerca del horizonte. Sí, tenemos la desventaja de las pocas horas de luz, pero al mismo tiempo cuando -como hoy amanece un día así de despejado- la luz es muy hermosa. Al ser tan rasante, parece cubrir todo con un baño de oro líquido. Voy haciendo alguna fotografía, recogiendo la cámara de vez en cuando para protegerla del frío, esperando a que siga ascendiendo un poco el sol y me cambie las luces del paisaje y volviéndola a sacar con cuidado, para continuar captando con las imágenes la maravilla que tengo ante mí.



    En estos ratos de espera, me dedico a contemplar el paisaje que me rodea. Tras haber conocido la dura ventisca de estos días pasados, me quedo realmente absorta del fabuloso día de hoy. Mi mente desconecta por un momento de la realidad y tengo la sensación de estar viajando por el espacio, llegando a un lugar hermoso, de esos que sólo existen en los sueños, e impregnándome de una luz dorada, limpia, pura, que me llena de una energía tremendamente positiva. Despierto de mi sueño… ¡no, no era un sueño! Esta vez ha sido todo real. Me encuentro tremendamente feliz y soy consciente de lo afortunada que he sido. Han tardado meses en tener este día aquí en la Antártida, y yo he tenido la suerte de vivirlo en mi viaje tan efímero a la zona. Tremendamente afortunada. Respiro profundamente, me lleno de nuevo de la belleza del entorno y otra vez una inmensa sensación de paz y armonía se instala en mi interior. Sé que será un recuerdo imborrable en mi vida.



    Es hora de regresar a Fildes. Una vez allí recojo mi mochila -que ya había dejado preparada- me despido de la gente de la dotación y Roberto me sube en moto al aeropuerto. El Hércules todavía no ha llegado, pero en la normativa de FACH nos exigen siempre estar antes de su aterrizaje, si vamos a tomar el avión. No pierdo el tiempo, como la zona del aeropuerto es también una parte elevada, continúo con mis fotos. El sol sigue subiendo y las luces cobrando intensidad.



    Consigo fotografiar la entrada del Hércules y continua la espera mientras proceden a la descarga de todo lo que traen y cargan lo que sacan de estas tierras antárticas. Son las 13:30 cuando me piden subir al avión. Por seguridad y aunque el día está con visibilidad, parten antes de que se meta la noche en la zona. Me despido de Roberto y me siento torpe con las palabras para poder expresarle el agradecimiento por todo el apoyo que me han brindado. Hay acontecimientos en la vida para los que no hemos sido capaces de crear el lenguaje adecuado…



    En el Hércules -sentada en esas redes rojas- mi cuerpo viaja a Punta Arenas mientras mi mente recorre una y otra vez las odiseas, aventuras, peripecias, incidentes y anécdotas de los últimos días. Es increíble que un viaje tan corto me deje completamente llena de vivencias de tanta intensidad.

    De repente una tremenda sacudida me vuelve a la realidad. Estamos aterrizando en Punta Arenas bajo condiciones muy fuertes de viento. Al levantarme, un par de chilenos que tenía sentados frente a mí y que regresan también a esta capital austral, me dicen: “Pareces la felicidad personificada. Durante todo el viaje tu cara reflejaba una inmensa alegría”. Sonrío, “no puede ser de otra manera, fue un viaje tan breve y fugaz como hermoso”.

    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
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  • Despedida y más…

    Queridos amigos expedicionarios,

    Esta es una especie de carta de despedida. Fue un verdadero placer conoceros personalmente, me dejasteis maravillada por todo lo que habéis aprendido del tema. Las preguntas que hicisteis fueron muy acertadas, se notaba que sois ya unos entendidos sobre la materia. También reflejaban vuestra curiosidad, que ojalá la sigáis manteniendo siempre. Tener curiosidades en el campo que sea y mantener ilusiones, es lo que nos mantiene vivos a los seres humanos, con vida de verdad. Es lo que nos hace ser estrella brillando con luz propia y no reflejada.
    Como ya os dije en varias ocasiones, vuestro apoyo incondicional durante la expedición nos ha ayudado mucho. Pasase lo que pasase, ahí estabais con nosotros día tras día, ayudándonos a capear viento y marea. Las dificultades y los problemas se nos hicieron más fáciles y llevaderos, y los éxitos y los logros se nos engrandecieron al compartirlos con vosotros.

    Además de todo ello, os aseguro que vuestra participación va a ser inolvidable. Habéis inaugurado el Blog de Karmenka. ¡Imposible olvidaros! Como sabéis ya muchas cosas de nosotros, sois conscientes de la cantidad de años que llevamos investigando en este tema, y también os hemos contado alguna vez, que siempre hemos tratado de desarrollar en paralelo –de una u otra forma- la divulgación de lo que hacemos. Pero con vosotros hemos inaugurado una nueva línea de divulgación, dirigida a los escolares. Habéis puesto el listón muy alto para los siguientes participantes. Nos habéis demostrado que podemos y debemos continuar trabajando en esta línea de divulgación.

    y desde ya estáis invitados a seguirnos por él. ¡Os estaré esperando! Ya os he visto a alguno de vosotros en él y me hace mucha ilusión.

    Termino mi carta de despedida, diciéndoos que fue un placer entregaros los merecidos premios el pasado viernes. Y os aseguro que nosotros también recibimos uno muy especial por vuestra parte, que jamás olvidaremos: vuestros aplausos, sonrisas y miradas sinceras. Una inesperada recompensa que nos impulsará a seguir trabajando con vosotros, los más jóvenes.  


    ¡Hasta siempre amigos expedicionarios!

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