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Blog: Karmenka desde los Polos

  • 05/05/2018

    - Emoción , velero

    4 comentarios

    Testigo de un diálogo interior

    Una vez más compruebo que la mente es tremendamente poderosa y maravillosa. Los entresijos que hay en ella son únicos.

    He sido testigo de algo que presiento me va a ser muy difícil describir. No obstante lo voy a intentar. Algunos podéis incluso pensar que es fruto de la imaginación. Pero os aseguro que lo viví desde fuera, tenía la sensación de estar cómodamente sentada en una butaca y frente a mí, la gran pantalla de cine con lo que ahora os trataré de transcribir. Eso sí, estaba en primera fila y la sala de cine estaba vacía. Percibía que era una escena que se había rodado solo para mí.

    Para poneros en situación y que entendáis la breve secuencia, os tengo que describir mi sentir en la última semana. Mi interior estaba desasosegado, intranquilo. Le faltaba la paz y la armonía que habitualmente le acompañan. Imaginaros un mar agitado en plena tormenta…

    Ese era mi interior, y mi cuerpecito se levantó a las 6:30 de la mañana. Tras un buen desayuno se fue a trabajar al velero. Haciendo cosas sin cesar y antes de la parada para comer, decidió llevarme a correr descalza por la playa, jugueteando con las olas que llegaban a la orilla. No quiso pasar de la hora de carrera, pues en mente estaba la lista de trabajos pendientes en el barco. Apetecía quedarse un rato recreándose con el movimiento del agua en la arena, pero esa ponderación que no sé dónde habita y me acompaña perennemente, decidió que ya era suficiente.

    Regreso al velero. Una ensalada campera que me había preparado la noche anterior, me hace recuperar la energía y saboreando una infusión de menta con un poco de tranquilidad, apareció otra vez esa lista imaginable -pero real- de cosillas que me quedan por terminar antes de echar el barco al agua. El deporte, el mar, las olas, sentir la arena y el agua con los pies descalzos… me habían permitido percibir un poco la calma de nuevo, y sin embargo ahora, con la visión de esas tareas pendientes, parecía disiparse en un segundo.

    Ahí, justo en ese momento, con mi taza de menta en la mano, presencié esta escena en el cine. Solo hay dos personajes, mi razón y mi subconsciente.

    “La razón cree que la etapa final en el astillero es infinita. Está convencida de ello.

    Vaya, -pienso para mis adentros-, mira que utilizar el infinito, mi símbolo matemático preferido…

    El subconsciente no me permite hacerle caso. Confía en tu intuición, me insiste. Lo inagotable es la etapa que comenzarás y lo incalculable serán las sensaciones que tatuarán tu alma en breve. No pierdas la paciencia ahora.”

    De la misma manera que en una película te quedas sentado un rato al final, aguantando la emoción mientras pasan los primeros créditos de la misma, así me quedé yo.

    Y, ¿qué ocurrió a continuación? Percibía que la serenidad, la calma y la quietud volvían a conquistar mi interior. “¡¡Bienvenidas!! Os echaba de menos”, les dije emocionada.

    La tormenta había cesado y la mar estaba como un espejo…

    • Testigo de un diálogo interior

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  • Entrevista a Denis Ferreira, Cocinero de la Base Artigas

    Denis en la Base Artigas

    Continúo con las entrevistas a los miembros de la dotación ANTARKOS XXVII, que ya hace una semana dejaron la Base Artigas. ¡Qué sensación tan extraña al ser consciente de que ya fue hace una semana! Voy a tratar de explicárosla, a ver si soy capaz. Está relacionada con lo que os comentaba en el último artículo sobre la noción de tiempo que tenemos aquí, con esa libertad del tiempo que todo lo impregna.

    Al ser consciente de que hace una semana salieron de la Antártida los componentes de la anterior dotación de la Base Uruguaya, surgen dentro de mí dos sensaciones, que en un principio parecen contradictorias, pero no lo son.

    Por un lado, percibo que dejaron el Continente Blanco hace muchísimo tiempo, en la escala del mundo civilizado podría decirse que equivalente a un año. Por otro lado, la sensación es cómo si tan sólo hace unas horas hubieran dejado estas tierras. Parece contradictorio, pero no lo es. Son tantas las vivencias que se suceden aquí, todas ellas nuevas, profundas, llenas de sensaciones, que parece que tenga que haber pasado un año entero de los de la civilización para que todas tengan cabida. Y por otro lado, los momentos compartidos con los verdaderos amigos antárticos son tan intensos, tan verdaderos, tan inolvidables, que siguen todavía presentes en nuestro interior, lo cual da ese matiz en la escala de tiempo, que parece acabasen de salir hace tan sólo unas horas.

    Con estas reflexiones que se han agolpado en mi mente según comenzaba a haceros la presentación de este vídeo os dejo con la entrevista. En este caso se trata de Denis Ferreira, el que ha sido el Cocinero de la Base durante todo este año. Cuando veáis el vídeo, fijaros en un detalle. El tener presentes a los demás, a los que rodean a uno, hasta en el hecho de tratar de preparar comidas que gusten a todos, en tratar de buscar que cada uno se encuentre como en su casa. Esto hace que el espíritu antártico envuelva estos lugares. Ojalá el mundo civilizado se contagiara un poco de estos pequeños detalles, olvidando la competitividad que cada vez está más a la orden del día.

    Denis, estarás disfrutando ya con los tuyos, tras un año de lejanía de tu hogar. Estarás saboreando unas merecidas vacaciones. Desde aquí te deseo lo mejor. ¡¡Muchas gracias por la entrevista!!

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