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Blog: Karmenka desde los Polos

  • El alma de Los Jarales

    Querer describiros con detalle la jornada que viví en el Centro Rural Agrupado Los Jarales -que abarca las localidades de San Miguel de Valero, San Esteban de la Sierra y Valero en la provincia de Salamanca- es imposible. Cualquier escrito no reflejará jamás lo allí vivido. He pensado mucho qué podía hacer para compartir con vosotros la magia que nos envolvió y creo que de esta manera elegida vais a poder percibir algo. Os dejo en imágenes una galería de fotos de las distintas actividades realizadas y en este texto os las describo un poco. 

    Comienza un fantástico recibimiento en el patio del colegio de San Miguel de Valero, donde se juntaron los pequeños entre 3 y 11 años de los diferentes pueblos con los profesores que los acompañaban. Todos a mi alrededor me regalan un abrazo gigantesco e inolvidable. Emotiva bienvenida, mis lágrimas tuvieron vía libre, no pude hacer nada para retenerlas. Me habían pillado por sorpresa… 

    Una primera proyección con el ordenador en la que los llevo conmigo a explorar el interior de un glaciar. Equipados con sus cascos y equipos de verticales -la imaginación en los pequeños es fantástica, no me costó nada vestirlos así-, entramos en los conductos que se generan en el interior del hielo azul. Hicieron una fantástica exploración llena de aventuras, nos mojamos con el agua que nos caía a 0ºC de las cascadas de ese hielo que se funde, clavábamos con fuerza nuestros crampones en el hielo, descendimos por los pozos del glaciar hasta que el más pequeño de ellos no cabía por los conductos que se iban haciendo cada vez más angostos… y al final, salimos todos a la superficie otra vez, dejando ese hermoso color azul del interior de los glaciares allá abajo. 

    En el cole tienen la bandera de la paz, en la que cada visitante que puede añade esa palabra en un idioma diferente. De los que yo algo controlo y en los que no la tenían todavía escrita, fue en ruso y en holandés. Así que las incorporé en la bandera, les hablé del alfabeto cirílico para el ruso, y aprendieron a pronunciarla en esos dos idiomas. Una vez más, se dan cuenta que lo de hablar varios idiomas es fundamental. 

    Me acompañó una mochila mágica, de la que empecé a sacar algunas cosillas polares de la vestimenta que allí empleo, así como algunos minerales de aquellas zonas. Pudieron tocar todo aquello e incluso probar para ver cómo les quedaba, tanto los pequeños como los grandes… 

    El sol brillaba en el cielo con fuerza y nos acompañó durante la excursión a la cantera, que es un batolito de granito de los muchos que afloran en esa zona. Allí, sentados en una lona multicolor que contagia alegría, continuaron los pequeños resolviendo sus dudas, preguntas y curiosidades. 

    Y después… construimos entre todos un hito. Cada uno colocó su piedra. Bonito símbolo, el hito, esa señal permanente que permite indicar una dirección, que ayuda a marcar el rumbo en la montaña. A ese hito lo bautizaron como Karmenka. Otro momento emotivo…

    Regresamos al cole y cada uno de ellos me hace un dibujo, escribe mi nombre en él y me lo firma. Terminamos reunidos otra vez en un coro en el patio, tal y como empezamos la jornada. Ahora cada pequeño me iba dando las gracias… y como no puede ser de otra manera, yo a ellos también. 

    Os imagináis que a lo largo de la jornada la cercanía con los jóvenes expedicionarios fue tremenda y la cantidad de anécdotas vividas ha sido increíble. Yo llevé una mochila llena de objetos para enseñarles, pero me vine con una mochila llena del alma de Los Jarales. 

    ¡¡Millón de gracias!! Y no os olvidéis nunca de los “deberes” que os puse… 

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