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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Toca decir adiós a Islandia

    Casi sin darnos cuenta llega el final de esta primera parte de la expedición. Ahora tenemos que embarcarnos en el ferry y regresar al norte de Dinamarca. De nuevo carretera con el Defender y tras unos 2500 kilómetros, alcanzar el Norte de Suecia donde dejaremos el vehículo, subiremos a un helicóptero con todo nuestro material y nos llevará hasta los pies de nuestra estación en el Ártico Sueco.

    Carlos va conduciendo, Adolfo de copiloto y yo, acomodada en el pequeño hueco que nos queda en la fila de asientos traseros, que tenemos desbordada de material. Mientras avanzamos hacia Seydisfjördur, al nordeste de Islandia donde embarcaremos, mi mente se evade a toda velocidad. Como una especie de película y a modo de flases, se suceden uno tras otro, todos los acontecimientos vividos en estas semanas. Por arte de magia en cuestión de minutos vuelvo a revivir, percibir y llenarme de nuevo de las sensaciones acumuladas en esta temporada, de las emociones que tan intensamente se han instalado en mi interior día tras día. Alegría, tristeza, cansancio, agotamiento, felicidad, paz, ilusión, agobio, esperanza, responsabilidad, melancolía, emoción, emoción y emoción… Todo plagado siempre de una emoción desbordante, una emoción que me inunda, una emoción que ya de por sí no soy capaz de controlar y mucho menos en plena naturaleza, donde siento que me bambolea con mas fuerza…

    Con esos relámpagos de sensaciones bombardeándome interiormente, descubro mi cara reflejada en la ventana tintada, los ojos brillantes se llevan mi atención y en ellos las lágrimas que empiezan a correr. Siento que me ahogo por la intensidad de los pensamientos. Tengo que aflojar un poco… Dirijo mi mirada en la lejanía a una fabulosa montaña volcánica de la costa, que luce a modo de sombrero unas nubes que se han quedado agarradas a su cumbre. El mar delante. Colores oscuros. Parece que va a empezar a llover. Hermosa combinación de tonos del mar, la montaña y el cielo. Abro la ventana, con el propio teléfono hago una foto para recordar el momento. El aire fresco que entra me espabila, me saca de mi ensimismamiento. Poco a poco se va disipando tanta intensidad de recuerdos. ¡Qué afortunada me siento! Se vive más en una expedición, que en un año entero en nuestra vida “civilizada”.

    Os propongo a vosotros hacer algo similar. De todo lo que os he ido contando durante esta expedición, de todo lo que habéis aprendido, de todo lo que habéis sentido, de lo que os ha sorprendido más, de lo que más curiosidad os ha producido, de algo que sabéis que jamás se os va a olvidar en la vida, de lo que queráis, escribidme brevemente sobre ello. Seleccionad algo y contádmelo. Será un verdadero placer para mí, ver qué momento inolvidable voy a compartir con cada uno de vosotros de esta expedición a Islandia.

    • Dejando Islandia

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  • ¿Qué dicen nuestros datos?

    A parte de esos cambios tan significativos que visualmente encontramos en nuestro glaciar Kviarjökull, os voy a contar de forma sencilla algunos otros fenómenos que hemos obtenido con los datos registrados por las sondas en nuestra estación de medida que está registrando cada hora desde el año 2002. Para que os deis cuenta de la cantidad de información que esto supone, a ver si me hacéis un cálculo y me decís cuántos datos tenemos medidos solo en esta estación, desde el 1 de enero de 2002 hasta el 31 de mayo de este año. Recordad que la medición que hacemos es horaria.

    ¿Sabéis que el deshielo producido en el año 2006 fue muy significativo? ¡¡Se duplicó con respecto a los valores medidos tan solo cuatro años antes!! Este comportamiento no fue único en esta estación, lo pudimos medir en la totalidad de las estaciones monitorizadas de GLACKMA en los dos hemisferios, tanto del Ártico como de la Antártida.

    Os diré algo más, en este glaciar el proceso de descarga glaciar ocurre durante todo el año, incluso en invierno, aunque con valores mucho más bajos, ¡claro está!, pues la temperatura ambiente es más baja. Dentro de esa duración anual del deshielo, se registran valores más altos en la parte central del verano, esto es en los meses de julio y agosto. Pues bien, ¿sabéis qué hemos medido en los tres últimos años (2014 a 2016)? Que esos periodos de valores más altos de deshielo se han estirado en tiempo y han pasado a ocupar de dos meses a cinco (junio a octubre). Pero la cosa no queda ahí, todo parece indicar que la tendencia siga ampliándose, pues ahora en el mes de mayo del 2017, los valores registrados son también más propios del inicio del verano.

    Y por si fuera poco, comparando los valores de la descarga glaciar de este hemisferio Norte con el Sur, encontramos que aquí son entre 3.5 y 4 veces mayores que en la Antártida.

    Para vosotros, jóvenes expedicionarios, probablemente estas dos décadas en las que estamos midiendo en GLACKMA, os suponga un periodo de tiempo muy grande, pero os diré que para la Tierra, para nuestro hermoso planeta, eso es tan solo como un pequeño suspiro. Y lo que es realmente dramático y preocupante, es que procesos tan acelerados los podamos registrar en un periodo tan corto de tiempo.

    Os diré más, los glaciares juegan un papel muy importante en el sistema climático global actual de la Tierra. Son los que hacen que el clima sea como lo conocéis actualmente, que se den esas condiciones óptimas para la vida de la humanidad en este planeta. Pero si los glaciares continúan fundiéndose a la velocidad a la que lo hacen, los efectos que iremos encontrando en la atmósferas serán cada vez más violentos. Se está tendiendo a perder la estacionalidad, se alargarán los periodos de sequía seguidos después por fuertes y torrenciales lluvias que arrasan los suelos, a nivel de la atmósfera habrá cada vez más violencia y los fenómenos nos llegarán con más energía. El ascenso del nivel del mar continuará su tendencia creciente y pensad que la mayor parte de la población en la Tierra, se encuentra ubicada en las zonas costeras.

    ¿Sabéis qué es lo que pasa? Con este ejemplo me vais a entender muy bien. Es como si se tratase de una nevera, en la que se encuentran los alimentos y el hielo. Si sube la temperatura, los cubitos de hielo serán los primeros que lo noten y comenzarán a fundirse, pero después, inevitablemente se estropearán los alimentos porque las condiciones que tenían para conservarse han cambiado. Lo mismo pasa en la Tierra. Los glaciares nos crean el clima adecuado para que podamos vivir, si se funden se perderá ese clima que actualmente conocemos y nos permite vivir cómodamente en el Planeta.

    Hoy quiero que reflexionéis un poco. No solo en clase, también con vuestros amigos y vuestros padres y hermanos. Dos preguntas os planteo:

    1-    ¿Qué podéis hacer cada uno de vosotros, hoy en día, ante esta situación?

    2-    ¿Creéis que podréis aportar vuestro granito de arena, el día de mañana, para evitar que sigamos este rumbo tan equivocado?

    • Grabando en la estación de medida

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  • Primera entrevista sobre un iceberg

    Estáis ya al corriente de nuestra primera semana larga bajo duras condiciones de lluvia y viento que paralizó nuestro trabajo. Sabéis también de las grabaciones con el equipo de Iñaki Gabilondo para el programa, que coincidieron con los primeros días que el buen tiempo hizo acto de presencia en nuestra zona. Y cómo ya os he contado, tuvimos que reorganizar nuestras agendas y recortar horas de dormir para sacar adelante la mayor parte de los trabajos que nos habíamos planteado en España antes de venir. En ese listado teníamos prioridades establecidas, como no puede ser de otra manera, para al menos, lo más básico cubrirlo.

    Sinceramente tengo que reconocer nuestra capacidad de trabajo, pues inicialmente parecía inviable sacar adelante tantísimas cosas en el tiempo tan reducido que nos quedaba, y sin embargo nos vamos quedando muy satisfechos por los logros obtenidos. El penúltimo día, antes del viaje de nuevo al Nordeste de la isla, donde embarcamos en el ferry, nos proponemos un reto tan bonito como complicado. Es un reto que tiene que ver con los inicios de lo que os comentaba en el artículo anterior, sobre el perfecto acople entre ciencia y divulgación.

    Es una magnífica idea de Carlos, se trata de realizar una entrevista sobre un iceberg y empezar a divulgar esa ciencia, esa realidad sobre los glaciares. Me apasionó la idea tan creativa y singular, desde el primer momento que la había planteado. Además como transmite tanta fuerza y energía al proponerlo, en ningún momento pensé que sería complicado. Sin embargo, después de ver tan solo unos días antes, la cantidad de personal y de medios que tenía el equipo de Iñaki Gabilondo durante su rodaje con nosotros, me empezó a parecer un reto complicado de sacar adelante.

    Último día, última oportunidad, últimas luces en el glaciar seleccionado. Buscamos el fragmento de hielo en el que sentarnos para realizar la entrevista. Traje de agua para poder alcanzar nuestro escenario. En la orilla, Carlos prepara las cámaras que tiene sobre los trípodes. Me ubico en el lugar que yo ocuparé para que pueda realizar el enfoque correspondiente, después en el que ocupará él para que deje también la cámara preparada. Esta parte está llena de problemas, ocupamos distinto espacio, distinta altura, tenemos que recordar más o menos la posición… ¡Complicado todo!

    Desde donde estoy ubicada, sentada en el hielo, lo veo mirar una y otra vez al cielo, al lugar donde está sol, tratando de adivinar las luces que van a tener lugar durante la entrevista en el transcurso del tiempo, con el recorrido del astro y el movimiento de las nubes. Tiene que dejar ajustadas las tres cámaras para que se mantenga una correcta exposición durante la entrevista con esas condiciones cambiantes. Él va a estar sentado en el hielo, delante de las cámaras, no le queda más remedio que adivinar lo que va a ocurrir y dejar las cámaras preparadas, no va a poder estar detrás de ellas, cambiando los parámetros según se van modificando las condiciones de luz en nuestro entorno natural. Después vienen los ajustes de los micrófonos para obtener una perfecta voz durante la entrevista. Y por si fuera poco, pilota el dron y opera con la cámara desde el aire para completar los recursos. Esto último sin mirar ni al dron, ni a la cámara de pilotaje, para que en las imágenes desde el aire estemos hablando los dos en la entrevista. ¿Os imagináis qué locura?

    Increíble, tres operadores de cámara, un piloto de drones, un técnico de sonido, un realizador, un redactor, un presentador, un entrevistado, y después será un editor. Imposible, salen diez personas en una sola. ¿Creéis que lo conseguiremos? En ese momento fui consciente de la dificultad del reto y me asaltó una duda de si podríamos hacerlo realidad. Sin embargo, percibo el convencimiento y la tranquilidad de Carlos cuando con todo preparado, se sienta a mi lado en el hielo, en nuestro fantástico plató de televisión. En mi interior vuelvo a creer que es posible. Me olvido de posibles complicaciones y disfruto de la entrevista mutua sobre el iceberg, la primera que se hace, y además con un fantástico objetivo, divulgación de la ciencia dando a conocer la realidad de las regiones polares.

    El resultado final… ya lo conoceréis y lo juzgaréis vosotros mismos. De momento en mi interior se ha quedado una huella imborrable con este bonito y fabuloso reto, esta magnífica y única experiencia. Sensaciones indescriptibles alcanzadas por todos los sentidos. ¡Fantástico y poderoso equipo invencible! Vamos a ser capaces de conseguir todo lo que nos propongamos.

    • Entrevista

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  • Ciencia y divulgación. Pasiones encontradas.

    Ciencia y divulgación. Pasiones encontradas.

    Sabéis que con esta expedición doble, Islandia- Ártico Sueco, ponemos en marcha un proyecto muy bonito y en el que tenemos mucha ilusión. Es esa combinación perfecta que hemos hecho con Carlos, donde realizamos una magnífica fusión y ensamblaje de la ciencia y la divulgación. Yo, como científica, soy consciente de que todo el esfuerzo que realizamos en sacar adelante publicaciones científicas, no está siendo realmente útil para nuestra sociedad, llegan a un ámbito tremendamente reducido.

    Al final, las Universidades se quedan únicamente para generar currículos de profesores e investigadores. Pero esa no es mi línea. Nunca he hecho las cosas buscando ser mejor que los demás, o tratando de conseguir reconocimientos. Mi objetivo de vida es sumamente sencillo, simplemente ser feliz. Dedicar toda mi energía para hacer realidad mis sueños y mis ilusiones. Siento una clara pasión por los glaciares en particular y por la naturaleza en general. La caja de herramientas que tengo como matemática me está siendo de gran ayuda para trabajar en los glaciares, entender qué está pasando de manera objetiva, recoger los datos que nos proporcionan, analizarlos, comprenderlos… Pero me saben a poco las publicaciones científicas, porque no consiguen mover nada.

    Es cierto que los resultados que estamos encontrando, relativos al calentamiento global, tanto nosotros como otros científicos desde diferentes ramas de la ciencia, llegan a ámbitos políticos, donde se pueden tomar decisiones que cambien nuestro rumbo como sociedad, pero también es cierto, que no se están empleando para ello. Yo quiero pasar por la Tierra aportando mi granito de arena, algo que sea útil de verdad. Además de ese legado de datos de descarga glaciar por diferentes partes del mundo, que no voy a dejar de recopilar, quiero que esta información, que esta realidad, llegue a la mayor parte de gente posible. Es necesario motivar a la sociedad en general y a los más jóvenes en particular, concienciarlos con la realidad de nuestro planeta. Sólo así podremos movernos a nivel global y cambiar ciertos hábitos de la sociedad que nos están haciendo navegar en una dirección totalmente equivocada.

    Por todo ello me siento súper afortunada de que en GLACKMA -en este momento de dos décadas ya, de mediciones continuas en glaciares de ambas regiones polares-, nos hayamos cruzado en el camino con Carlos Caraglia. Su caja de herramientas de la filmación, la fotografía, los documentales, es la perfecta para crear una magnífica labor conjunta con nosotros. Perfecta combinación de divulgación y ciencia. Con una ilusión gigantesca afronto esta nueva etapa de divulgación científica. Se brindan ante nosotros unos años de mucho trabajo, pero confiamos plenamente en que el resultado va a merecer la pena. La pasión de aventureros -atrapados por el hielo para siempre- es un sólido motor, que va a ser capaz de superar todas las dificultades que nos vayan apareciendo en este nuevo camino. ¡¡Ya lo veréis!!

    ¿Sabéis una cosa? Este es mi artículo 300 en el blog. No es una casualidad, estoy convencida de que esta nueva etapa para GLACKMA en la que combinamos con fuerza la ciencia y la divulgación, va a ser todo un éxito. Vosotros vais a acompañarnos y seréis testigos en primera fila de este resultado.

    • Grabando con el dron

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  • Libertad indescriptible en el glaciar

    Tras llevar cuatro años sin realizar expediciones por falta de financiación, el primer día de entrada a nuestro glaciar Kviarjökull, la ilusión que siento es desbordante. Para ubicároslo en el tiempo, esto tiene lugar justo el día anterior de conseguir extraer los datos en nuestra estación, después de llevar dos días con intentos fallidos. Yo creo que ayudó a descargar mi mente y obsequiarme con la solución del problema.

    Subimos Carlos y yo para hacer una primera exploración, buscar ríos en el interior del hielo, cuevas, encontrar zonas donde poder grabar una buena descripción del drenaje en el interior del glaciar. Adolfo se queda en el campamento. Desde el incremento tan brutal de turismo y tras haber sufrido el violento robo hace cuatro años cuando estuvimos por última vez, no nos quedamos tranquilos dejando todo el material solo. Según estamos preparando el equipo básico para el glaciar, mi corazón se acelera y siento que la sangre circula a velocidad por mis venas. La emoción está a flor de piel… Tantos años sin tocar un glaciar…

    Comenzamos acercándonos por el centro de la morrena frontal, atravesando las más antiguas, ya sin hielo de años anteriores. Sabemos que el paso para entrar en el glaciar no es por aquí, pero interesa filmar lo más posible toda esta parte del glaciar también. Una vez hecho el trabajo de imagen de esta parte frontal, abordamos el remonte del cañón de la margen lateral izquierda. Cuando vemos que la correspondiente morrena lateral nos permitirá el paso, dejamos el avance cómodo por la tundra en esa parte alta del cañón y nos proponemos atravesar dicha morrena.

    Ya sabéis que las morrenas están formadas por todos esos materiales de roca, piedras, sedimentos que va transportando la masa helada del glaciar en su avance y los va acumulando a modo de barreras en diferentes posiciones del mismo. Está así la frontal, que se ubica horizontalmente en el frente del glaciar, las laterales que como su nombre indican se encuentran longitudinalmente en las márgenes del mismo, y además, según la orografía del terreno, podemos encontrar otras centrales posicionadas en el interior del glaciar. Estas morrenas aunque superficialmente las vemos como montañas de piedras, cascotes y barro, en realidad tienen hielo en su interior, y el avance por ellas suele ser bastante complicado debido a la inestabilidad de las mismas.

    Una vez atravesada nuestra morrena lateral y ya en el hielo glaciar, no pude menos que golpear con fuerza mis botas -con los crampones atados- sobre este hielo. Era una especie de saludo, de reencuentro con el glaciar, como un “choca esas cinco, amigo”… Cuatro años sin tener esta maravillosa sensación al pisar sobre el hielo. ¡Cuánto lo había echado de menos! Allí en medio del glaciar, mi mochila pesada a mis espaldas parecía haberse aligerado, me sentía feliz, una intensa sensación de libertad invadió mi interior y me emocionó. Miré a Carlos, un súper compañero expedicionario -es difícil encontrar a personas tan válidas para estas aventuras polares-. Percibí también su felicidad y emoción de adentrarnos sobre el glaciar. Con esa sensación de paz inmensa, de que el tiempo se ha detenido o de que nunca ha existido el cómputo que hacemos de él, nos adentramos hacia el centro del glaciar.

    Lo que vamos viendo según nos acercamos es desolador, todavía más de lo que percibíamos desde lejos. El glaciar ha perdido una considerable masa en estos casi cinco años sin visitarlo. No solamente su frente glaciar ha retrocedido una barbaridad, el espesor de hielo perdido es increíble. Tanto que no es posible encontrar ya cuevas en su interior, ni esos enormes conductos por los que circula el agua en sus entrañas… Casi no queda hielo en su parte frontal para albergar todas estas formaciones. Poco a poco, el glaciar va perdiendo su lengua glaciar en el frente y va quedando cada vez más colgado en el valle, con sus innumerables grietas o seracs, generados en el hielo debido a los cambios de pendiente en ese descenso por las paredes del valle frontal.

    Absortos con el ambiente tan desolador que tenemos bajos nuestros pies, perdemos la mirada casi en el infinito, hacia el mar, allá en la lejanía tenemos el campamento, no lo vemos por la distancia, pero sabemos donde ubicarlo. Grabaciones de Carlos con la cámara fija y algunos vuelos con el dron. Consigue hacer una perfecta radiografía del estado actual del glaciar. Le gustará verla a Adolfo. ¡Qué pena no haber contado con esta herramienta, años antes, cuando empezamos a trabajar aquí!

    El tiempo se nos pasa volando. Hay que regresar antes de que oscurezca, al menos salir del glaciar pues puede convertirse en algo peligroso sin luz. Rápido, pero con precaución, emprendemos el camino de regreso. Salimos del hielo glaciar, cruzamos la morrena y avanzando ya por la zona de tundra, nos relajamos, disminuimos la velocidad. Nuestras mentes siguen en el glaciar… Este avanzar más pausado por la espesa tundra, a modo de alfombra que amortigua cada paso y en la que descansan nuestros pies del trabajo que han tenido que realizar horas antes, provoca en ambos un cansancio que nos invade de golpe. Tenemos la sensación de no alcanzar nunca la zona del campamento…

    Casi 20 kilómetros hemos recorrido, subiendo y bajando morrenas, avanzando por el hielo buscando el camino en medio de un laberinto de grietas, clavando con fuerza los crampones en las crestas de las mismas. Las sensaciones en nuestro interior tienen dos vertientes, por un lado esa maravilla de libertad al pisar el hielo glaciar y por otro esa desolación al encontrarlo con un deshielo tan avanzado. Una balanza difícil de encajar…

    • KARMENKA GLACIAR

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  • La vida en el campamento

    ¿Tenéis curiosidad de cómo es la vida en el campamento? A modo de pincelada os describiré algunos momentos para que podáis acompañarnos también en esta parte de la aventura.

    En primer lugar os tengo que decir que la cantidad de material que traemos es impresionante y no es por el equipo personal de cada uno de los expedicionarios, que es lo que menos ocupa pues nos sabemos arreglar con muy pocas cosas. El volumen es generado por los equipos de trabajo en el glaciar, por el de las mediciones en los ríos de descarga, por el equipo de grabación, sonido, fotografía, por el equipo de campamento, comida, herramientas, equipo de instalación de nueva estación glaciar… ¿Cómo hemos podido meter todo eso en el Defender? No lo sé. Lo único cierto es que es necesaria mucha paciencia y mucho orden para encajar todo, aprovechar el espacio y poder acceder de manera no demasiado complicada a las cosas que se necesitan más habitualmente. El coche sale de España con todo el hueco de la parte trasera de carga lleno sin ningún resquicio entre bulto y bulto, con parte de los asientos traseros ocupados por equipos y con material sobre la baca. Espacio libre justo para ir sentados los tres aventureros.

    Los días que dura nuestro viaje por carretera hasta que llegamos a Islandia y dentro de esta isla hasta el lugar donde está nuestro glaciar para montar el campamento, nos arreglamos como podemos y con paciencia. Cada vez que nos toca buscar alguna cosa para preparar la comida, o grabar, o vivaquear algunas horas por las noches, sacamos nuestra paciencia y tranquilidad para que la tarea sea lo más llevadera posible. Cuando llegamos a nuestro glaciar, con ilusión montamos el campamento, aunque nos pilló la lluvia como ya os conté en su momento. ¡Qué respiro tener la tienda grande de campamento instalada! En ella podremos alojar todo el equipo de forma ordenada y fácil de acceder cada vez que necesitemos algo, tendremos todo protegido de la lluvia y dispondremos de un lugar donde poder realizar el trabajo de gabinete, tanto de la parte científica como de la de divulgación.

    ¡Qué ilusos fuimos! ¿Os acordáis del problema que nos surgió la primera noche? Apenas tuvo tres horas de vida esa tienda instalada. Las varillas se rompieron en plena madrugada por el viento, bajo una intensa y copiosa lluvia tuvimos que poner a salvo dentro del coche de nuevo todo el material y recoger la tienda. Ya sabéis que la situación no fue cómoda, pues tuvimos más de una semana de intensas lluvias, el material acumulado en el Defender, mojados todo el día, sin un lugar donde ni siquiera poder cocinar protegidos de la lluvia y lo que fue peor, sin poder sacar adelante ni el trabajo científico, ni el de divulgación.

    Cuando la lluvia cesó un poco, arreglamos de forma provisional las varillas y volvimos a instalar la tienda. De poco nos valió el respiro pues de nuevo y en otra madrugada, la tela se rasgó. Vuelta a repararla y protegerla con tensores que atamos incluso al Defender, ubicándolo de protección a modo de muralla en el flanco más azotado por los vientos glaciares. No fue la última vez que tuvimos problemas con la tienda, ya habéis leído en el artículo anterior que justo la madrugada, antes de empezar a grabar con el equipo de Gabilondo, volvimos a quedarnos al descubierto.

    Pero no son todos los momentos complicados en la vida de campamento. Hay momentos hermosos y muy felices. ¿Sabéis lo inolvidable de moler el café de la mañana con un molinillo a mano? Hacerlo despacito en la cafetera, la de siempre, la de la toda la vida, la que hace un café espectacular… Disfrutar ya del olor, en primer lugar según se va moliendo y después al poner la cafetera al fuego. El remate final, mantener la taza humeante en las manos con una leche cremosa liofilizada que nos da la vida. E indescriptibles son las sensaciones si la mañana está tranquila, sin viento, sin lluvia, con las vistas tan espectaculares que tenemos en el campamento, bien hacia el mar o bien hacia el glaciar y todo ello rodeados de esa tundra mágica y llena de tonalidades de verdes. Son pequeños momentos felices, llenos de paz, que quedan grabados para siempre en la vida de campamento de un expedicionario.

    Recoger los cacharros después de comer e ir al río a lavarlos, aunque parezca mentira, tiene también su encanto. Son todos detalles que te hacen comprender que en la vida civilizada nos rodeamos de multitud de cosas que son totalmente prescindibles, que nos terminamos metiendo en una burbuja artificial, consumista y tan alejada de la naturaleza como de la paz .

    Asearte en el río, esos baños realizados a toda velocidad porque el agua no llega a 1ºC, completa esa lista de buenas sensaciones que nos regala el campamento. No es bueno pensarlo dos veces, desnudarse rápido en la orilla del río, buscando un recodo lo más protegido posible del viento, y zambullirse en el agua. Enjabonarse a toda velocidad, aclararse y salir de nuevo a la orilla con los pies descalzos sobre las piedras redondeadas, para secarte, empezar a vestirte y comenzar a percibir y disfrutar de esa sensación de calor ocasionada por el contraste con las frías aguas. Tras el baño, de camino al campamento, la sensación es también indescriptible, te encuentras totalmente tonificado, feliz, como nuevo… No hay nada mejor que integrarse en la naturaleza.

    Inolvidable placer es también dormir en el saco, dentro de la tienda. Fantástico es con un ambiente exterior tranquilo, aunque también hay que saber salir adelante en esas noches en las que la lluvia cae con intensidad en el exterior o cuando el viento azota con fuerza, empuja la tienda y cada poco tienes que salir al exterior desapacible a comprobar tensores o fijar cabos de seguridad. Como os dije en un artículo, la fuerza está en la cabeza. No lo olvidéis nunca, jóvenes expedicionarios.

    Como podéis ver, aunque tenemos algunos momentos durillos, con lo que nos quedamos, es siempre, con las buenas sensaciones. De lo que queda plagado nuestro interior es de hermosos momentos vividos, que echaremos de menos cuando regresemos de nuevo a la civilización.

    • Campamento glaciar
    • Cocinando
    • Arroz con leche

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  • Entrevista con Iñaki Gabilondo

    Cuando salíamos de España al principio de la expedición y en nuestro circular por las carreteras de Europa para dirigirnos al norte de Dinamarca y embarcar en el ferry, recibimos el contacto de Cristina, quien está en el equipo de Iñaki Gabilondo. Tenían interés en realizar con GLACKMA uno de los programas de la próxima edición de la serie documental “Cuando ya no esté, el mundo en 25 años”. ¡Qué mejor que ahora en esta expedición, sobre el terreno, sobre los glaciares!

    Es una suerte que tengamos a Carlos con nosotros porque tanto a Adolfo como a mí, realizar estas gestiones y coordinaciones, nos resulta un poco -bastante, más bien- cuesta arriba. Así que delegada en Carlos esta labor y viendo lo bien que la llevaba, me quedé tranquila. En un abrir y cerrar de ojos, todo estaba organizado y un equipo de seis personas más el propio Iñaki como presentador, vienen a Islandia, llenos todos de una tremenda ilusión por realizar este programa. Elena -productora-, Cristina -redactora-, Irene -realizadora-, Consuelo y Pedro -operadores de cámara- y Aris - técnico de sonido-. ¡Menudo equipazo sois!

    ¿Sabéis que nos ocurrió? ¿Recordáis que tuvimos una semana con temporal de viento y lluvia? Nuestro trabajo se acumulaba sin poder realizarlo y justo cuando el tiempo empezaba a mejorar, es cuando vienen a realizar el programa. Tenemos que reestructurar todo y ampliar nuestra agenda. No queda más remedio que quitar horas se sueño para poder ampliar las de trabajo. Carlos, como ya conocía la zona y el entorno y además como es un buen filmmaker, estuvo con ellos el primer día, mostrándoles posibles escenarios donde realizar las grabaciones.

    El día siguiente no amanecía de la mejor manera posible. De nuevo a la madrugada la tienda de campamento se vuela por los fuertes vientos y nos vemos obligados a recoger todo el material que teníamos en el interior, a clasificarlo, empaquetarlo y ponerlo a salvo en el Defender. Otra vez el todoterreno a rebosar, el equipo acumulado en su interior y nosotros sin campamento.

    Una madrugada y una mañana ajetreadas, casi estresantes, sin parar ni un minuto. Justo a continuación empieza una de las entrevistas y grabaciones… Me temo lo peor, estoy cansada, triste y percibo que no es mi mejor momento para realizar la entrevista. ¿Cómo saldrá? No tenía ninguna esperanza en lo que yo pudiera aportar. Sentía que mi participación iba a ser un poco desastrosa y me sentía mal por ello. Veía a todo el equipo de grabación que venía con una ilusión tremenda.

    ¿Qué ocurrió? No lo sé, tan solo puedo intentar adivinar y suponer a posteriori. La realidad es que al llegar al lugar seleccionado, encontrarme allí al equipo con todo listo para empezar a grabar, algo cambió repentinamente dentro de mí. Se me olvidó por completo el ajetreo de la madrugada y la mañana en el campamento, se me esfumó la tristeza, me llené de una energía y fuerza como en mis mejores momentos y todo fluyó con autenticidad. Era yo otra vez, repleta de pasión por la ciencia y la divulgación en los glaciares. Disfruté como una enana, fui feliz… y creo que eso se transmite.

    Debido al cambio de clima tan rápido en Islandia, las grabaciones prosiguieron con continuos cambios en la agenda organizada inicialmente, en los que fue de gran valía el conocimiento que ya Carlos tenía del entorno. No os puedo decir más ahora. Toca esperar a que emitan la nueva serie del programa. Ya os avisaremos y nos emocionaremos todos juntos.

    Ahora quiero agradecer a todo el equipo la fantástica labor realizada, sin olvidarme de los días y los momentos tan bonitos que compartimos juntos. Millones de gracias, Iñaki, Elena, Cristina, Irene, Pedro, Consuelo, Aris y también a Carlos, que participó como operador de dron. Estoy orgullosa de vuestra contribución en la divulgación de GLACKMA.

    • GLACKMA - IÑAQUI GABILONDO

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  • Un lugar mágico explosionado

    Hoy os quiero escribir sobre una situación que me entristece y que no tiene remedio. No puedo hacer nada ante eso, no está en mis manos. Simplemente soy un personajillo que ha vivido y disfrutado y se ha maravillado una y otra vez en estas tierras islandesas, ante tanta grandeza. Los paisajes, el entorno, la naturaleza, los sonidos, las percepciones, todo aquí gira en torno a los 360 grados de libertad que pueden alcanzar nuestros sentidos. No hay barreras construidas por el hombre que limiten esta libertad. Casi toda la población se encuentra al Sudeste en el entorno de Reykjavík, y al Norte en los alrededores del pueblo pesquero Akureyri. El resto son pequeños pueblecitos o simplemente granjas aisladas en medio de una inmensidad casi infinita.

    Solamente existe una carretera perimetral que rodea la isla, y por cierto, todavía no está asfaltada en su totalidad. El resto son pistas trazadas por el sandur de los glaciares, sobre las zonas colonizadas por la tundra mágica y espesa llena de tonalidades, sobre las diferentes coladas de lavas que abarcan un amplio abanico de coloridos entre el negro y el rojizo, por las extensas llanuras cubiertas de pumita generada en las erupciones volcánicas. Imposible andar por ellas sin un todoterreno preparado para vadear ríos. Mi primera expedición a esta isla fue en el año 1997 y a partir de ahí en numerosas ocasiones, tantas que sin contarlas ya no podría deciros con precisión el número -que con creces pasa de la decena-. Los recorridos que hemos realizado por aquí nos han permitido conocer cada rincón, cada lugar, tanto del interior volcánico como de la costa y de los diferentes casquetes glaciares.

    En los últimos años este país se ha empezado a llenar de turismo. Antes podías estar tranquilamente un mes recorriendo esta hermosa naturaleza y encontrándote simplemente con unos pocos vehículos que prácticamente contabas con los dedos de las manos. Ahora es impresionante la cantidad de vehículos que circulan y eso que no es la temporada alta, en la que hay lugares -de los más típicos- que están colapsados. Me sorprende que la forma de viajar de la mayor parte de la gente es como superficial, sin integrarse en el entorno, como si estuvieran observando desde una burbuja artificial. Llegar hasta donde el coche lo permite, bajarse, hacerse una foto con el paisaje detrás dando prioridad a las personas, no al entorno, muchas veces luciendo modelitos que están fuera de lugar… ¿Tiene esto sentido?

    Los propios islandeses se han dado cuenta de que se les ha escapado de los manos tanto turismo. Los precios se han encarecido. Por las carreteras circulan una gran cantidad de vehículos, la contaminación ha aumentado, así como han perdido la tranquilidad y el paisaje inmenso y solitario del que antes disfrutaban. ¿Qué nos pasa como sociedad?, ¿Hacia dónde vamos?

     

    A una veintena de kilómetros de nuestro campamento tenía un sitio mágico, como de cuento, en el que de vez en cuando tomaba unas horas de relax durante las expediciones. Una hermosa cascadita se generaba en una colada de lava, formando una especie de refugio pues estaba protegida de los vientos -soplasen de donde soplasen-. Sus aguas cristalinas caían generando un pequeño laguito. Aquí me daba unos baños relajantes y tonificantes que jamás podré olvidar por la sensación de libertad tan grande de la que me llenaba. A continuación lavaba la ropa, la tendía sobre la tundra, el sol me la blanqueaba y secaba. Hacía una comida tranquila y para postre siempre tenía frutillas rojas que crecían en este lugar, disfrutaba el entorno mágico, y de esta manera me llenaba de energía y fuerza para continuar con los trabajos en el glaciar para otros cuantos días más.

    Algo que he visto en esta expedición me ha dejado una huella imborrable, grabada a modo de cicatriz de una herida. Han construido un macro hotel a un centenar de metros de mi refugio natural, de mi paraíso reconfortante… Había ido viendo nuevos hoteles y hospedajes que han ido construyendo en estos últimos años por Islandia, pero ver éste me produjo una tristeza enorme… Islandia ya no es la misma que yo conocí, ya no es la misma que yo disfruté, ya no es la misma en la que yo me integré. Por un lado me duele que este país haya tenido este cambio, por otro, me siento completamente afortunada de haberlo conocido cuando era de verdad naturaleza, me siento feliz y llena de sensaciones de todos aquellos años que ya son pasado y que ahora, más que nunca, guardaré como un tesoro único en mi interior.

    • El turismo invade Islandia

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  • Con cariño para los jóvenes expedicionarios

    Queridos expedicionarios, nos sentimos súper orgullosos de todos vosotros. Hemos pasado muchas dificultades pero con vuestro apoyo continuo, hemos sentido vuestra presencia a nuestro lado y vuestra juventud e ilusión nos han llenado de fuerza. Os habréis dado cuenta ya, de que en una expedición se vive tan intensamente y ocurren tantas cosas en tan poco tiempo, que tan solo un par de meses de aventura parecen ser dos años enteros de vida “civilizada”.

    Os quiero explicar otra realidad que es muy diferente con vuestro mundo que conocéis, con vuestro entorno. Todo lo que os estamos enviando lo hacemos utilizando internet -nuestra conexión con los teléfonos- pero tenemos que tener cobertura, cosa que no es siempre posible. Nos movemos a buscar lugares donde conseguirlo y al mismo tiempo sin abandonar nuestro trabajo de campo. Nos vamos organizando y sacando tiempo para prepararos vídeos, escribiros los artículos… Nos gustaría hacer mucho más, pero nos faltan horas a los días, a pesar de que escatimamos muchas de dormir para poder disponer de más tiempo.

    “Y, ¿por qué nos cuentas esto ahora, Karmenka?”, se estarán preguntando vuestras cabecitas. Pues mirad, si juntáis las dos realidades que os he contado en los párrafos anteriores, entenderéis mejor lo que os voy a decir ahora. Hemos dejado ya Islandia, alcanzamos de nuevo el Norte de Dinamarca con el ferry y desde allí hemos recorrido otros 2.000 kilómetros para alcanzar Kiruna, al Norte de Suecia. Desde aquí nos quedan por recorrer tan solo 70 kilómetros y alcanzar un pequeño lugar llamado Nikkaluokta (bonitos nombres, ¿verdad?, suenan un poco a esquimales). Eso lo haremos esta tarde. Y desde allí, mañana en helicóptero, alcanzaremos la estación de descarga glaciar que tenemos en el Ártico Sueco, a latitud 68ºN. Ya estamos dentro del Círculo Polar, por cierto ¿sabéis a que latitud se encuentra este círculo?

    En ese lugar al que vamos no tenemos nada de cobertura. Tendremos únicamente un teléfono satelital para comunicar en caso de que ocurra alguna emergencia. Eso significa que durante los próximos días no os podremos subir nada al Blog, así que como tengo unos cuantos artículos escritos, relatándoos aventuras del tiempo que hemos estado en Islandia, os los voy a dejar subidos hoy antes de perder esa conexión. Vuestros profesores os los irán dosificando a lo largo de las próximas dos semanas, ¿os parece?

    Ahora os dejo este vídeo que os hemos preparado -entre Carlos, Adolfo y yo misma- especialmente para vosotros pues queremos ayudaros a entender nuestro trabajo en los glaciares, nuestras mediciones y esa labor que cómo hormiguitas, año tras año, realizamos en GLACKMA.

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  • El inolvidable azul del hielo

    Si os pregunto, ¿de qué color es la cerveza? Me diréis rápidamente: “amarilla”. Y os vuelvo a plantear una cuestión: ¿y su espuma? “Blanca” me diréis todos a coro.

    Y ¿qué es lo que ocurre? Es muy sencillo, el aire es el que le da ese color blanquecino.

    Con el hielo pasa lo mismo, su color es el azul. El hielo es azul. Pero en la superficie lo vemos blanco porque debido al llamado “efecto de borde” -que no es más que una relajación de tensiones en la masa helada- se forman pequeñas fisuras que se van llenando de aire y nos da ese aspecto más blanquecino. Por eso, por ejemplo, en un frente de un glaciar justo en el momento de producirse un desprendimiento, el hielo que queda en la pared -al descubierto- lo vemos azulado. Después, conforme va pasando el tiempo, y el aire va entrando en esas pequeñas fisuras generadas, adquiere el color blanquecino.

    De la misma manera en la superficie del glaciar vemos el tono más blanquecino y en el interior de las grietas, cuanto más recientes sean, más azuladas las veremos. Cuando descendemos en los moulins o sumideros en el glaciar, pasa lo mismo, del color blanquecino de la superficie vamos pasando gradualmente a un azul, cada vez más intenso… ¡Qué decir, qué es una verdadera maravilla internarse en las entrañas de un glaciar! Os lo estaréis imaginando…

    Como nos acompañáis expedicionarios de muy diversas edades, voy a dejar un enlace aquí para vuestros profesores y así ellos os puedan seleccionar más material según vuestro nivel de formación y os enseñen más cosas sobre el apasionante mundo del interior de los glaciares: Glaciares-Criokarst 

    • Ganando profundidad el hielo es cada vez mas azul

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