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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Toca decir adiós a Islandia

    Casi sin darnos cuenta llega el final de esta primera parte de la expedición. Ahora tenemos que embarcarnos en el ferry y regresar al norte de Dinamarca. De nuevo carretera con el Defender y tras unos 2500 kilómetros, alcanzar el Norte de Suecia donde dejaremos el vehículo, subiremos a un helicóptero con todo nuestro material y nos llevará hasta los pies de nuestra estación en el Ártico Sueco.

    Carlos va conduciendo, Adolfo de copiloto y yo, acomodada en el pequeño hueco que nos queda en la fila de asientos traseros, que tenemos desbordada de material. Mientras avanzamos hacia Seydisfjördur, al nordeste de Islandia donde embarcaremos, mi mente se evade a toda velocidad. Como una especie de película y a modo de flases, se suceden uno tras otro, todos los acontecimientos vividos en estas semanas. Por arte de magia en cuestión de minutos vuelvo a revivir, percibir y llenarme de nuevo de las sensaciones acumuladas en esta temporada, de las emociones que tan intensamente se han instalado en mi interior día tras día. Alegría, tristeza, cansancio, agotamiento, felicidad, paz, ilusión, agobio, esperanza, responsabilidad, melancolía, emoción, emoción y emoción… Todo plagado siempre de una emoción desbordante, una emoción que me inunda, una emoción que ya de por sí no soy capaz de controlar y mucho menos en plena naturaleza, donde siento que me bambolea con mas fuerza…

    Con esos relámpagos de sensaciones bombardeándome interiormente, descubro mi cara reflejada en la ventana tintada, los ojos brillantes se llevan mi atención y en ellos las lágrimas que empiezan a correr. Siento que me ahogo por la intensidad de los pensamientos. Tengo que aflojar un poco… Dirijo mi mirada en la lejanía a una fabulosa montaña volcánica de la costa, que luce a modo de sombrero unas nubes que se han quedado agarradas a su cumbre. El mar delante. Colores oscuros. Parece que va a empezar a llover. Hermosa combinación de tonos del mar, la montaña y el cielo. Abro la ventana, con el propio teléfono hago una foto para recordar el momento. El aire fresco que entra me espabila, me saca de mi ensimismamiento. Poco a poco se va disipando tanta intensidad de recuerdos. ¡Qué afortunada me siento! Se vive más en una expedición, que en un año entero en nuestra vida “civilizada”.

    Os propongo a vosotros hacer algo similar. De todo lo que os he ido contando durante esta expedición, de todo lo que habéis aprendido, de todo lo que habéis sentido, de lo que os ha sorprendido más, de lo que más curiosidad os ha producido, de algo que sabéis que jamás se os va a olvidar en la vida, de lo que queráis, escribidme brevemente sobre ello. Seleccionad algo y contádmelo. Será un verdadero placer para mí, ver qué momento inolvidable voy a compartir con cada uno de vosotros de esta expedición a Islandia.

    • Dejando Islandia

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  • ¿Qué dicen nuestros datos?

    A parte de esos cambios tan significativos que visualmente encontramos en nuestro glaciar Kviarjökull, os voy a contar de forma sencilla algunos otros fenómenos que hemos obtenido con los datos registrados por las sondas en nuestra estación de medida que está registrando cada hora desde el año 2002. Para que os deis cuenta de la cantidad de información que esto supone, a ver si me hacéis un cálculo y me decís cuántos datos tenemos medidos solo en esta estación, desde el 1 de enero de 2002 hasta el 31 de mayo de este año. Recordad que la medición que hacemos es horaria.

    ¿Sabéis que el deshielo producido en el año 2006 fue muy significativo? ¡¡Se duplicó con respecto a los valores medidos tan solo cuatro años antes!! Este comportamiento no fue único en esta estación, lo pudimos medir en la totalidad de las estaciones monitorizadas de GLACKMA en los dos hemisferios, tanto del Ártico como de la Antártida.

    Os diré algo más, en este glaciar el proceso de descarga glaciar ocurre durante todo el año, incluso en invierno, aunque con valores mucho más bajos, ¡claro está!, pues la temperatura ambiente es más baja. Dentro de esa duración anual del deshielo, se registran valores más altos en la parte central del verano, esto es en los meses de julio y agosto. Pues bien, ¿sabéis qué hemos medido en los tres últimos años (2014 a 2016)? Que esos periodos de valores más altos de deshielo se han estirado en tiempo y han pasado a ocupar de dos meses a cinco (junio a octubre). Pero la cosa no queda ahí, todo parece indicar que la tendencia siga ampliándose, pues ahora en el mes de mayo del 2017, los valores registrados son también más propios del inicio del verano.

    Y por si fuera poco, comparando los valores de la descarga glaciar de este hemisferio Norte con el Sur, encontramos que aquí son entre 3.5 y 4 veces mayores que en la Antártida.

    Para vosotros, jóvenes expedicionarios, probablemente estas dos décadas en las que estamos midiendo en GLACKMA, os suponga un periodo de tiempo muy grande, pero os diré que para la Tierra, para nuestro hermoso planeta, eso es tan solo como un pequeño suspiro. Y lo que es realmente dramático y preocupante, es que procesos tan acelerados los podamos registrar en un periodo tan corto de tiempo.

    Os diré más, los glaciares juegan un papel muy importante en el sistema climático global actual de la Tierra. Son los que hacen que el clima sea como lo conocéis actualmente, que se den esas condiciones óptimas para la vida de la humanidad en este planeta. Pero si los glaciares continúan fundiéndose a la velocidad a la que lo hacen, los efectos que iremos encontrando en la atmósferas serán cada vez más violentos. Se está tendiendo a perder la estacionalidad, se alargarán los periodos de sequía seguidos después por fuertes y torrenciales lluvias que arrasan los suelos, a nivel de la atmósfera habrá cada vez más violencia y los fenómenos nos llegarán con más energía. El ascenso del nivel del mar continuará su tendencia creciente y pensad que la mayor parte de la población en la Tierra, se encuentra ubicada en las zonas costeras.

    ¿Sabéis qué es lo que pasa? Con este ejemplo me vais a entender muy bien. Es como si se tratase de una nevera, en la que se encuentran los alimentos y el hielo. Si sube la temperatura, los cubitos de hielo serán los primeros que lo noten y comenzarán a fundirse, pero después, inevitablemente se estropearán los alimentos porque las condiciones que tenían para conservarse han cambiado. Lo mismo pasa en la Tierra. Los glaciares nos crean el clima adecuado para que podamos vivir, si se funden se perderá ese clima que actualmente conocemos y nos permite vivir cómodamente en el Planeta.

    Hoy quiero que reflexionéis un poco. No solo en clase, también con vuestros amigos y vuestros padres y hermanos. Dos preguntas os planteo:

    1-    ¿Qué podéis hacer cada uno de vosotros, hoy en día, ante esta situación?

    2-    ¿Creéis que podréis aportar vuestro granito de arena, el día de mañana, para evitar que sigamos este rumbo tan equivocado?

    • Grabando en la estación de medida

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  • Primera entrevista sobre un iceberg

    Estáis ya al corriente de nuestra primera semana larga bajo duras condiciones de lluvia y viento que paralizó nuestro trabajo. Sabéis también de las grabaciones con el equipo de Iñaki Gabilondo para el programa, que coincidieron con los primeros días que el buen tiempo hizo acto de presencia en nuestra zona. Y cómo ya os he contado, tuvimos que reorganizar nuestras agendas y recortar horas de dormir para sacar adelante la mayor parte de los trabajos que nos habíamos planteado en España antes de venir. En ese listado teníamos prioridades establecidas, como no puede ser de otra manera, para al menos, lo más básico cubrirlo.

    Sinceramente tengo que reconocer nuestra capacidad de trabajo, pues inicialmente parecía inviable sacar adelante tantísimas cosas en el tiempo tan reducido que nos quedaba, y sin embargo nos vamos quedando muy satisfechos por los logros obtenidos. El penúltimo día, antes del viaje de nuevo al Nordeste de la isla, donde embarcamos en el ferry, nos proponemos un reto tan bonito como complicado. Es un reto que tiene que ver con los inicios de lo que os comentaba en el artículo anterior, sobre el perfecto acople entre ciencia y divulgación.

    Es una magnífica idea de Carlos, se trata de realizar una entrevista sobre un iceberg y empezar a divulgar esa ciencia, esa realidad sobre los glaciares. Me apasionó la idea tan creativa y singular, desde el primer momento que la había planteado. Además como transmite tanta fuerza y energía al proponerlo, en ningún momento pensé que sería complicado. Sin embargo, después de ver tan solo unos días antes, la cantidad de personal y de medios que tenía el equipo de Iñaki Gabilondo durante su rodaje con nosotros, me empezó a parecer un reto complicado de sacar adelante.

    Último día, última oportunidad, últimas luces en el glaciar seleccionado. Buscamos el fragmento de hielo en el que sentarnos para realizar la entrevista. Traje de agua para poder alcanzar nuestro escenario. En la orilla, Carlos prepara las cámaras que tiene sobre los trípodes. Me ubico en el lugar que yo ocuparé para que pueda realizar el enfoque correspondiente, después en el que ocupará él para que deje también la cámara preparada. Esta parte está llena de problemas, ocupamos distinto espacio, distinta altura, tenemos que recordar más o menos la posición… ¡Complicado todo!

    Desde donde estoy ubicada, sentada en el hielo, lo veo mirar una y otra vez al cielo, al lugar donde está sol, tratando de adivinar las luces que van a tener lugar durante la entrevista en el transcurso del tiempo, con el recorrido del astro y el movimiento de las nubes. Tiene que dejar ajustadas las tres cámaras para que se mantenga una correcta exposición durante la entrevista con esas condiciones cambiantes. Él va a estar sentado en el hielo, delante de las cámaras, no le queda más remedio que adivinar lo que va a ocurrir y dejar las cámaras preparadas, no va a poder estar detrás de ellas, cambiando los parámetros según se van modificando las condiciones de luz en nuestro entorno natural. Después vienen los ajustes de los micrófonos para obtener una perfecta voz durante la entrevista. Y por si fuera poco, pilota el dron y opera con la cámara desde el aire para completar los recursos. Esto último sin mirar ni al dron, ni a la cámara de pilotaje, para que en las imágenes desde el aire estemos hablando los dos en la entrevista. ¿Os imagináis qué locura?

    Increíble, tres operadores de cámara, un piloto de drones, un técnico de sonido, un realizador, un redactor, un presentador, un entrevistado, y después será un editor. Imposible, salen diez personas en una sola. ¿Creéis que lo conseguiremos? En ese momento fui consciente de la dificultad del reto y me asaltó una duda de si podríamos hacerlo realidad. Sin embargo, percibo el convencimiento y la tranquilidad de Carlos cuando con todo preparado, se sienta a mi lado en el hielo, en nuestro fantástico plató de televisión. En mi interior vuelvo a creer que es posible. Me olvido de posibles complicaciones y disfruto de la entrevista mutua sobre el iceberg, la primera que se hace, y además con un fantástico objetivo, divulgación de la ciencia dando a conocer la realidad de las regiones polares.

    El resultado final… ya lo conoceréis y lo juzgaréis vosotros mismos. De momento en mi interior se ha quedado una huella imborrable con este bonito y fabuloso reto, esta magnífica y única experiencia. Sensaciones indescriptibles alcanzadas por todos los sentidos. ¡Fantástico y poderoso equipo invencible! Vamos a ser capaces de conseguir todo lo que nos propongamos.

    • Entrevista

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  • Libertad indescriptible en el glaciar

    Tras llevar cuatro años sin realizar expediciones por falta de financiación, el primer día de entrada a nuestro glaciar Kviarjökull, la ilusión que siento es desbordante. Para ubicároslo en el tiempo, esto tiene lugar justo el día anterior de conseguir extraer los datos en nuestra estación, después de llevar dos días con intentos fallidos. Yo creo que ayudó a descargar mi mente y obsequiarme con la solución del problema.

    Subimos Carlos y yo para hacer una primera exploración, buscar ríos en el interior del hielo, cuevas, encontrar zonas donde poder grabar una buena descripción del drenaje en el interior del glaciar. Adolfo se queda en el campamento. Desde el incremento tan brutal de turismo y tras haber sufrido el violento robo hace cuatro años cuando estuvimos por última vez, no nos quedamos tranquilos dejando todo el material solo. Según estamos preparando el equipo básico para el glaciar, mi corazón se acelera y siento que la sangre circula a velocidad por mis venas. La emoción está a flor de piel… Tantos años sin tocar un glaciar…

    Comenzamos acercándonos por el centro de la morrena frontal, atravesando las más antiguas, ya sin hielo de años anteriores. Sabemos que el paso para entrar en el glaciar no es por aquí, pero interesa filmar lo más posible toda esta parte del glaciar también. Una vez hecho el trabajo de imagen de esta parte frontal, abordamos el remonte del cañón de la margen lateral izquierda. Cuando vemos que la correspondiente morrena lateral nos permitirá el paso, dejamos el avance cómodo por la tundra en esa parte alta del cañón y nos proponemos atravesar dicha morrena.

    Ya sabéis que las morrenas están formadas por todos esos materiales de roca, piedras, sedimentos que va transportando la masa helada del glaciar en su avance y los va acumulando a modo de barreras en diferentes posiciones del mismo. Está así la frontal, que se ubica horizontalmente en el frente del glaciar, las laterales que como su nombre indican se encuentran longitudinalmente en las márgenes del mismo, y además, según la orografía del terreno, podemos encontrar otras centrales posicionadas en el interior del glaciar. Estas morrenas aunque superficialmente las vemos como montañas de piedras, cascotes y barro, en realidad tienen hielo en su interior, y el avance por ellas suele ser bastante complicado debido a la inestabilidad de las mismas.

    Una vez atravesada nuestra morrena lateral y ya en el hielo glaciar, no pude menos que golpear con fuerza mis botas -con los crampones atados- sobre este hielo. Era una especie de saludo, de reencuentro con el glaciar, como un “choca esas cinco, amigo”… Cuatro años sin tener esta maravillosa sensación al pisar sobre el hielo. ¡Cuánto lo había echado de menos! Allí en medio del glaciar, mi mochila pesada a mis espaldas parecía haberse aligerado, me sentía feliz, una intensa sensación de libertad invadió mi interior y me emocionó. Miré a Carlos, un súper compañero expedicionario -es difícil encontrar a personas tan válidas para estas aventuras polares-. Percibí también su felicidad y emoción de adentrarnos sobre el glaciar. Con esa sensación de paz inmensa, de que el tiempo se ha detenido o de que nunca ha existido el cómputo que hacemos de él, nos adentramos hacia el centro del glaciar.

    Lo que vamos viendo según nos acercamos es desolador, todavía más de lo que percibíamos desde lejos. El glaciar ha perdido una considerable masa en estos casi cinco años sin visitarlo. No solamente su frente glaciar ha retrocedido una barbaridad, el espesor de hielo perdido es increíble. Tanto que no es posible encontrar ya cuevas en su interior, ni esos enormes conductos por los que circula el agua en sus entrañas… Casi no queda hielo en su parte frontal para albergar todas estas formaciones. Poco a poco, el glaciar va perdiendo su lengua glaciar en el frente y va quedando cada vez más colgado en el valle, con sus innumerables grietas o seracs, generados en el hielo debido a los cambios de pendiente en ese descenso por las paredes del valle frontal.

    Absortos con el ambiente tan desolador que tenemos bajos nuestros pies, perdemos la mirada casi en el infinito, hacia el mar, allá en la lejanía tenemos el campamento, no lo vemos por la distancia, pero sabemos donde ubicarlo. Grabaciones de Carlos con la cámara fija y algunos vuelos con el dron. Consigue hacer una perfecta radiografía del estado actual del glaciar. Le gustará verla a Adolfo. ¡Qué pena no haber contado con esta herramienta, años antes, cuando empezamos a trabajar aquí!

    El tiempo se nos pasa volando. Hay que regresar antes de que oscurezca, al menos salir del glaciar pues puede convertirse en algo peligroso sin luz. Rápido, pero con precaución, emprendemos el camino de regreso. Salimos del hielo glaciar, cruzamos la morrena y avanzando ya por la zona de tundra, nos relajamos, disminuimos la velocidad. Nuestras mentes siguen en el glaciar… Este avanzar más pausado por la espesa tundra, a modo de alfombra que amortigua cada paso y en la que descansan nuestros pies del trabajo que han tenido que realizar horas antes, provoca en ambos un cansancio que nos invade de golpe. Tenemos la sensación de no alcanzar nunca la zona del campamento…

    Casi 20 kilómetros hemos recorrido, subiendo y bajando morrenas, avanzando por el hielo buscando el camino en medio de un laberinto de grietas, clavando con fuerza los crampones en las crestas de las mismas. Las sensaciones en nuestro interior tienen dos vertientes, por un lado esa maravilla de libertad al pisar el hielo glaciar y por otro esa desolación al encontrarlo con un deshielo tan avanzado. Una balanza difícil de encajar…

    • KARMENKA GLACIAR

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  • El inolvidable azul del hielo

    Si os pregunto, ¿de qué color es la cerveza? Me diréis rápidamente: “amarilla”. Y os vuelvo a plantear una cuestión: ¿y su espuma? “Blanca” me diréis todos a coro.

    Y ¿qué es lo que ocurre? Es muy sencillo, el aire es el que le da ese color blanquecino.

    Con el hielo pasa lo mismo, su color es el azul. El hielo es azul. Pero en la superficie lo vemos blanco porque debido al llamado “efecto de borde” -que no es más que una relajación de tensiones en la masa helada- se forman pequeñas fisuras que se van llenando de aire y nos da ese aspecto más blanquecino. Por eso, por ejemplo, en un frente de un glaciar justo en el momento de producirse un desprendimiento, el hielo que queda en la pared -al descubierto- lo vemos azulado. Después, conforme va pasando el tiempo, y el aire va entrando en esas pequeñas fisuras generadas, adquiere el color blanquecino.

    De la misma manera en la superficie del glaciar vemos el tono más blanquecino y en el interior de las grietas, cuanto más recientes sean, más azuladas las veremos. Cuando descendemos en los moulins o sumideros en el glaciar, pasa lo mismo, del color blanquecino de la superficie vamos pasando gradualmente a un azul, cada vez más intenso… ¡Qué decir, qué es una verdadera maravilla internarse en las entrañas de un glaciar! Os lo estaréis imaginando…

    Como nos acompañáis expedicionarios de muy diversas edades, voy a dejar un enlace aquí para vuestros profesores y así ellos os puedan seleccionar más material según vuestro nivel de formación y os enseñen más cosas sobre el apasionante mundo del interior de los glaciares: Glaciares-Criokarst 

    • Ganando profundidad el hielo es cada vez mas azul

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  • Mágicos momentos de tregua

    Son cinco días sin tregua alguna con el viento y la lluvia continua. Sin la tienda grande de campamento -rota desde la primera noche- donde poder refugiarnos y cocinar, las condiciones para estar a la intemperie se endurecen. Eso no nos preocupa demasiado, nos hemos habituado ya a ello y hemos aprendido a convivir con estas mojaduras interminables. Lo que no nos agrada tanto es que no podemos avanzar en el trabajo que hemos venido a hacer, ni la parte científica que desarrollamos Adolfo y yo, ni la parte de filmaciones que desarrolla Carlos para darnos apoyo con la divulgación. Pero es la naturaleza y no la podemos cambiar, así que no merece la pena preocuparse por ello, nos iremos reorganizando y ajustando los quehaceres según vengan las condiciones meteorológicas, que son quienes mandan aquí en el trabajo de campo.

    En ocasiones durante los inviernos islandeses tienen lugar estos vientos tan extremadamente fuertes, que les obligan a cortar las carreteras como en estos días, ya que son capaces de hacer volcar a los vehículos. Sin embargo es la primera vez que esta violencia en los vientos tiene lugar en mayo, ya tan avanzada la primavera. Esta es otra consecuencia del calentamiento global que hemos provocado en la Tierra. De alguna manera, hay más energía en la atmósfera y eso se traduce en fenómenos violentos que los podemos percibir de una u otra forma, según la latitud a la que nos encontremos.

    La previsión meteorológica indica que aunque se van a mantener estas condiciones durante unos cuantos días más, tendremos ocasionalmente algunos momentos sin lluvia e incluso podremos empezar a ver el sol en algunas ocasiones. Esta pequeña intermitencia no nos permite todavía meternos a fondo con el trabajo en nuestro glaciar, pero sí que Carlos comience a generar imágenes de los diferentes glaciares del entorno más cercano. Comenzamos a disfrutar, a maravillarnos de esta naturaleza tan fantástica. Aunque desde el año 1997 estamos trabajando por estas tierras y hemos venido en numerosas ocasiones y conocemos prácticamente cada rincón de este país, con la extensa naturaleza que nos brinda Islandia es imposible no fascinarse ante tanta grandeza.

    Con estos momentos de luces para filmar tan fugaces y condiciones tan extremadamente cambiantes, comienzo poco a poco a ejercer de ayudante de Carlos. Estoy atenta para prepararle el dron, las cámaras, el trípode, los filtros, cambiar baterías, quitar el sol de la pantalla de pilotaje de los vuelos, proteger los equipos cuando la lluvia nos sorprende o cualquier pequeño detalle que pueda agilizar las grabaciones. Al mismo tiempo, con mi observación innata imposible de detener, estoy aprendiendo de las habilidades de este gran filmmaker que tenemos la suerte de que nos acompañe en la expedición.

    Aprovechando así uno de estos momentos de tregua que nos regala la meteorología islandesa, el objetivo es filmar el glaciar Skaftafelljökull. Con el Defender nos acercamos por una pista para aproximarnos lo más posible. A continuación nos cargamos el material y vamos atravesando primero la zona de sandur -cubierta ya de tundra- y después parte de las antiguas morrenas frontales que marcan los diferentes episodios de deshielo de este glaciar. Viento en calma totalmente, silencio absoluto divino acompañado de los melódicos trinos de las aves, botas avanzando por una espesa tundra bañada en colores dorados generados por la luz rasante de estas latitudes, la inmensidad kilométrica que alcanza la vista en cualquier dirección es naturaleza… el glaciar cada vez más cerca.

    En un acantilado próximo de un centenar de metros, una pequeña pero larga cascada dibuja los escalones del escarpe. El sonido del agua cayendo te envuelve y te transporta rápidamente a un mundo especial. Mundo que completa su belleza y magia al llegar al frente del glaciar donde enormes paredones de hielo están moldeados por antiguos seracs o grietas. Mi mirada se dirige a modo de vuelo de dron -avanzando decenas de kilómetros por el glaciar hielo arriba- hasta la zona más elevada entre las montañas desde la que descuelga esta lengua glaciar.

    Ante tanta grandeza, una sensación inmensa de paz se instala en mi interior. El tiempo se detiene por completo. Es más que eso, percibo que la medida del tiempo, simplemente no existe. No tengo la sensación de ser una intrusa en este mágico lugar, me veo integrada por completo en él. Y en un abrir y cerrar de ojos, brota en mi interior una fuerte emoción… como la cascada que tengo delante. Llenarse de estos momentos mágicos en medio de la tregua que nos brinda la tormenta, es llenarse de vida. De esa vida auténtica que no cambiaré jamás por nada.

    Ojalá que con esta pequeña descripción que os he hecho y con ayuda de este vuelo de dron de Carlos, podáis llegar a sentir un poco esta belleza y grandeza de la naturaleza…

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  • Paciencia y astucia en el Ártico

    Casi con el pelaje de invierno

    Me cautivó desde el primer día que lo vislumbré a una distancia kilométrica. Era como una hermosa estrella fugaz con la que te sentías afortunada, pero tan sólo durante unos segundos. La magia desaparecía rápidamente. Pasaban los días y deseabas volver a tener esa misteriosa aparición. Cuando esto ocurría casi te daba miedo hasta de respirar, creyendo que tu hálito era el causante de la estampida de tan sutil criatura.

    Pasaron días, semanas creo, hasta que me atreví a coger la cámara e intentar capturarlo con el zoom… Tenía miedo de que cualquier movimiento, de que cualquier ruido, pudiera perturbarlo antes de tiempo y robar así unos segundos del enigmático instante. Incluso con el zoom las fotos resultantes eran para tirar, un puntito en medio de la inmensidad de la tundra. Ese era mi anhelado zorro ártico que casi había que imaginar en la foto.

    Todo esto ocurría en el 2001 durante mi primera expedición a Svalbard, en concreto a 79ºN en el glaciar Austrelovenbreen, donde instalamos la primera de las estaciones de medida de descarga glaciar, de la red que actualmente tenemos en GLACKMA. Fueron casi tres meses de trabajo y trabajo y más trabajo y muchas veces sin el equipo adecuado para realizar esas tareas a la intemperie en aquel lugar, en aquel glaciar, en aquel río con agua casi helada… No os voy a hablar de esto ahora, si tenéis curiosidad lo podéis leer en el Diario Polar. Esta anotación es para centraros el momento, una expedición de casi tres meses de duración en medio de la naturaleza, integrados en ella completamente y con la mente en el trabajo por sacar adelante y por supuesto en el disfrute de la naturaleza, del entorno mágico del Ártico y rodeados de paz.

    Semana tras semana, con agrado iba comprobando que la distancia que me guardaba mi enigmático amigo se iba reduciendo. Cada metro que conseguía eliminar, sonreía en mi interior… Poco a poco y con paciencia, las fotos empezaron a salir. A lo largo de esos tres meses de verano pude comprobar cómo su pelaje estival -con tonos castaños y marrones para camuflarse al andar sobre la tundra- iba pasando al blanquecino del invierno que le permitiría pasar desapercibido sobre la nieve.

    Mi paciencia iba dando resultado, merodeaba ya el campamento, andaba entre las tiendas, primero cuando no estábamos por allá y después, incluso con nuestra presencia. En la cercanía había que tener un cuidado exquisito, cualquier movimiento un poco rápido implicaba perderlo a toda velocidad. Ahí, si que la respiración tenía que ser pausada… su sensibilidad era brutal, cuestión de supervivencia, ¡está claro! Cuando recibíamos tan grandiosa visita, me gustaba quedarme quieta, tumbada en la tundra observándolo, buscando sus ojos con los míos y a partir de ahí establecer una especie de conexión. Yo percibía que nos comunicábamos…

    Cuando quedaban un par de semanas para dejar el campamento y finalizar la expedición, aparecieron unos franceses en una base cercana. Ellos estuvieron solamente unos pocos días y como habitaban en base y ahí no tenían problema con la posible visita del oso polar, llevaban comida “de verdad”. La nuestra era toda liofilizada para no atraer con el olfato al rey del Ártico pues seríamos deseables para él. Al irse nuestros vecinos franceses, les sobró un trozo de queso que nos regalaron. Si no habéis estado tres meses a base de cremas hechas con comida liofilizada, no sabéis lo que es desear un trozo de comida sólida para morder, masticar, digerir…

    Probé el queso, por supuesto, además es que ¡¡¡me encanta!!! Pero en seguida mi mente pudo más que el deseo y dio órdenes en mi interior para guardar mi ración y echarle un pulso a mi nuevo amigo ártico. Os imagináis, ¿no? Comencé a dejarle pequeños trocitos allí en medio del campamento… se acercaba y los comía. Poco a poco mi posición estaba más próxima a esos trocitos… el zorrito se acercaba, guardaba su distancia prudencial y después con un movimiento veloz y casi invisible, se los llevaba y los devoraba a la distancia a la que él consideraba de seguridad.

    Teniéndolo así de mal acostumbrado a estos regalitos, llegó el gran día. Esta vez sólo un pedacito y lo tengo yo en mi mano, tumbada en la tundra… Así lo estaba esperando. Se acercó dejándome su entorno de protección, me rodeaba, me miraba, nos mirábamos, iba, venía… Yo allí quieta, casi sin respirar, con mi paciencia infinita y con la completa seguridad de que lo iba a tener cerca, muy cerca… No sé el tiempo que pasamos allí jugando los dos. Lo recuerdo ahora y sonrío, me emociono…

    Al final mi paciencia venció a su astucia, o mejor dicho, él sabía que no había peligro, en otro caso, no lo hubiera hecho. Yo tumbada, mi mano extendida con el trocito entre mis dedos. El zorro ártico, que tenía su pelaje ya muy gris blanquecino pues el verano estaba a punto de finalizar, se posicionó finalmente frente a mí. Nos miramos, con mis ojos le transmití que ese trozo era suyo, sólo tenía que cogerlo, nada iba a pasarle. Me entendió. Avanzó despacio, con su mirada siempre clavada en la mía. Sentí que me dejaba entrar en su mundo misterioso… Fue algo mágico. Agarró con sus dientes el trocito de queso con corteza, lo mantuve con fuerza un instante, las miradas se hicieron más penetrantes, después aparté la mía de la suya, miré al queso, aflojé la resistencia de mi mano y se llevó victorioso el trocito.

    Al escribir estas líneas ahora -a pesar de la distancia en el tiempo- las sensaciones y emociones experimentadas las percibo en mi interior con la misma fuerza, capaces de conmoverme de nuevo y de provocar en mí un viaje en el espacio y en el tiempo e inmiscuirme de nuevo en aquellos mágicos e inolvidables instantes. ¡Qué fantástica es la naturaleza!

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  • Mágica conexión con el alumnado de La Salle en Santa Cruz de Tenerife

    A las puertas del colegio La Salle

    Todavía estoy llena de la gran cantidad de sensaciones que me invadieron al terminar las dos charlas que acabamos de impartir Adolfo y yo en el Colegio La Salle San Ildefonso en Santa Cruz de Tenerife. Más de un centenar de alumnos en cada una de ellas. La primera con los alumnos de 1º de Secundaria y a continuación los de 2º.

    Siempre, antes de una conferencia de tipo divulgativo, sea el público que sea, tengo una especie de… nerviosismo no es correcto decir, sería más adecuado hablar de incertidumbre sobre el resultado. El resultado en cuanto a cómo “llegar” al público, cómo transmitir, cómo compartir mi ilusión sobre este mundo tan apasionante de los glaciares, cómo hacer sentir la pasión que yo tengo por esta “aventura polar científica”. Es una especie de tensión interna que me acompaña hasta que termina el evento. A veces, no sé la razón en concreto, no lo conseguimos… ¿Por qué? No lo sé. Nosotros, el público, el lugar… No sé cuál es la razón o razones que lo impiden. Me queda un mal sabor de boca. Un sensación de haber fracasado… Otras -y todo hay que decirlo, la mayor parte de ellas- es todo lo contrario. Se consigue establecer una especie de conexión que resulta casi mágica. Esto es lo que ha ocurrido por duplicado esta tarde en el salón de actos del Colegio La Salle de Santa Cruz de Tenerife.

    Dos charlas, cada una con su encanto. Una especie de hechizo envolvió el ambiente en cada una de ellas. Diferentes e inolvidables ambas. Al finalizar la primera no podemos disfrutar con el resultado ni ser conscientes de ello, justo a continuación comienza la segunda y de nuevo toda esa tensión por conectar, transmitir, ofrecer y compartir, se apoderan de mí. Los minutos transcurren y casi sin darme cuenta se acaba el tiempo… si tenemos más seguro que continuamos entusiasmados unos y otros, proseguirían las preguntas y las respuestas, las ganas de saber, la curiosidad… Aplausos sinceros, espontáneos… Es imposible poder describir el cúmulo de percepciones y emociones que se apoderaron de mí.

    Ya sabéis todos los que habéis sido protagonistas de esta historia que tenéis las puertas abiertas para uniros a GLACKMA. Además y cómo os dijimos al finalizar, os esperamos… Necesitamos en la Asociación esa energía fresca y joven que tenéis vosotros.

    Todo esto ha sido posible gracias a varias personas: Marián, Coordinadora de Secundaria y que disfruta ofreciendo esta oportunidad a sus “chicas y chicos”; Maite, Presidenta del AMPA (Asociación de Madres, Padres y Tutores, Colegio La Salle San Ildefonso, Santa Cruz de Tenerife), manteniendo año tras año la afiliación a GLACKMA de dicha entidad; y Miryam, Vicepresidenta de GLACKMA, contagiando en todo su entorno, la ilusión de esta Asociación.

    El próximo lunes tendremos de nuevo el privilegio de compartir en este colegio la gran “aventura polar científica”. Un público algo más joven, alumnos de 6º y 5º, pero seguro que con las mismas ganas de aprender que sus compañeros mayores. Manolo es en este caso, el Coordinador de Primaria, que hace posible este encuentro.

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  • Vídeo de divulgación

    Poco a poco, jóvenes expedicionarios, os habéis ido presentando en esta Aventura Polar Científica. Sé lo densos que son los programas escolares, por eso agradezco enormemente a vuestros profesores y maestros que son capaces de organizarse y permitiros viajar virtualmente con nosotros. De antemano soy consciente también, que no se van a arrepentir. Por la experiencia en años anteriores, vemos cómo en este tipo de actividades, os llenáis de ilusión y ganas por aprender.

    Como sabéis ya todos, nos vais a ayudar a preparar la expedición de este verano a los Urales y después nos podréis seguir por medio del Blog para comprobar cómo se desarrolla. Pero, ¿qué vamos a hacer allí?, ¿por qué a los Urales?

    Todo esto se enmarca dentro del objetivo fundamental de GLACKMA: “utilizar los glaciares como sensores naturales del calentamiento global”. Para empezar a explicaros más cosas con detalle, os voy a pedir para los próximos días que veáis el vídeo de divulgación que tenemos en nuestra web. Lo realizó el equipo de Al Filo de lo Imposible en el verano de 2012, mientras trabajábamos en Islandia.

    Tras verlo y escuchar con atención, os planteo las siguientes cuestiones:

    • 1     ¿Por qué trabajamos en los glaciares?
    • 2     ¿Cuántas estaciones tenemos en GLACKMA y dónde están ubicadas?
    • 3     ¿Qué medimos en esas estaciones?
    • 4     ¿Cómo medimos?
    • 5     ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención?
    • 6     ¿Qué es lo que más os ha gustado del vídeo?

    Con gran ilusión, espero vuestro trabajo…

    • Islandia

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  • GLACKMA… imparable como un glaciar

    Tenía muchas ganas de sacar un poco de tiempo en la semana para escribiros este artículo. Veía pasar los días y el trabajo diario parecía no querer dejarme ni un pequeño resquicio. Pero por fin, hoy lo logro.

    Este artículo va especialmente dedicado -y con mucho cariño- a todos los que sois afiliados de GLACKMA. A los que no lo sois, os invito a que os unáis a nosotros. No os vais a arrepentir. ¡Creedme!

    Este fin de semana no fue de descanso para mí, como es habitual en muchas ocasiones lo dediqué a adelantar trabajo de la Asociación, pues por la semana casi no saco tiempo con mis obligaciones universitarias. Entre otras cosas, os estuve mandando a cada uno de vosotros el certificado de vuestra aportación anual a GLACKMA del año 2013.

    Según os iba escribiendo me iba llenando de una sensación muy especial, que no sé si voy a saber transmitírosla. Era una mezcla de emoción, de gratitud, de querer conoceros a cada uno de vosotros, de poder llegar a veros alguna vez en la vida, de poneros cara. No sé, me emocionaba pensar en vuestro apoyo desinteresado. Muchos nos habéis escuchado en alguna conferencia, otros por la radio, algunos nos habéis visto por la televisión en alguna entrevista o programa, otros habéis oído hablar a los amigos…, pero todos coincidís en algo, en creer en los fines de esta Asociación y en brindar vuestro apoyo desinteresadamente para ayudar a cumplirlos.

    En estos, ya casi tres años que llevamos de vida como Asociación, algunos han aparecido, se han afiliado, pero al final se han esfumado… No han durado prácticamente nada. Me imagino que es normal, para ofrecer el apoyo desinteresado que nos dais los que estáis ahí año tras año, hace falta ser de una “materia” especial. No es capaz de hacerlo cualquiera.

    Con todos estos sentimientos a flor de piel, cuando me acosté el domingo por la noche se me vino a la mente una imagen… no os riáis de lo que os voy a contar. Imaginé que entre todos en GLACKMA, somos como un glaciar que avanza. Lentamente, pero inexorable, imparable. Ese hielo compacto, puro, ese azul indescriptiblemente hermoso del interior… que va arrastrando fuera y cribando todas esas impurezas, esos sedimentos que termina depositando en los bordes a modo de morrenas.

    ¡Gracias a todos vosotros por formar parte de lo que parecía una utopía, pero resulta cada vez más real! De verdad, seguramente no sois conscientes de ello, pero gracias a vuestra confianza, gracias a cada uno de vosotros… ¡GLACKMA como Asociación, hoy existe y sigue fortaleciendo y consolidándose!

    • Svalbard, 79ºN de latitud en el Ártico