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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Soledad ártica vivida con intensidad

    Paisaje

    Los días se van sucediendo en un entorno tan bello como inhóspito. Prácticamente no tenemos noche, debido a los 68ºN de latitud y a la época del año. Que no exista noche no quiere decir que el sol no lo veamos ocultar tras el horizonte, sobre todo porque estamos rodeados de altas cumbres por todos los flancos. El astro luminoso se oculta por muy poco tiempo y ello hace que se fundan el atardecer y el amanecer en casi un mismo fenómeno mágico. La luna también la podemos contemplar con bastante claridad durante el día, e incluso las estrellas. ¿Os imagináis? Y todo ello sin perder la luz.

    Durante esas horas de claridad pero sin noche, el frío se hace más intenso… Os voy a contar alguna anécdota. Los primeros días para cocinar tenemos que coger nieve y fundirla, tarea complicada y pesada para preparar la comida y hacer agua para beber. Después, según va avanzando la semana, el río que proviene de los glaciares de la zona, empieza a querer ponerse en marcha y bajo la espesa y compacta capa de nieve comienza a dibujar su perfil en algunos lugares de su cauce. Aprovechamos este privilegio que nos brinda la naturaleza para picar el hielo de la capa que lo cubre en tres puntos diferentes, uno para coger agua para cocinar, otro para fregar los cacharros de la cocina y otro para bañarnos. Pero lo que así contado suena tan fácil, no lo es. Cada día tenemos que volver a picar el hielo en esos tres puntos, pues durante esas horas de las noches claras, cuando las temperaturas bajan con intensidad, se nos vuelve a congelar el agua generando una buena capa de varios centímetros de hielo. De hecho, el agua que tenemos recogida en botellas en las tiendas, amanece congelada…

    Tengo que reconocer que alguna noche me he tenido que poner ropa extra dentro del saco de dormir, pues no entraba en calor. Y cuando nuestros organismos se acostumbran a esas temperaturas y éstas comienzan a ascender y aproximarse a los 0ºC, la sensación de calor que sufrimos es impresionante. Empezamos a quitarnos capas de ropa y aún así tenemos calor. El preparar la comida en el exterior con el hornillo, ya no resulta una tarea complicada que hay que tratar de hacer a toda velocidad, disfrutamos cocinando y comiendo aquí fuera en la nieve, en medio de nuestro paraíso ártico.

    Otra tarea que los días de más frío hay que hacer a toda velocidad, es bañarse en esas pocitas de agua que abrimos bajo el hielo. No creáis que se pasa mal. La única cuestión es no pensarlo, ni dudar y por supuesto, disfrutar del momento. Otro secreto es realizar el aseo en esos ratos en los que el sol brilla en el cielo y no hay viento. Desnudarse en medio de la nieve, zambullirse en el agua fresquita, lavarse y secarse… te proporciona tal sensación de libertad, de ser consciente de que es muy poco lo que necesitamos para vivir, de saber disfrutar de las pequeñas cosas, de llenarse de felicidad con estos momentos tan bellos, que si no se ha experimentado alguna vez, es muy difícil que me entendáis.  

    El piloto del helicóptero se acercó a sobrevolar la zona donde estábamos, sobre todo los primeros días que tuvimos que soportar ventiscas con condiciones un poco complicadas. Con señas nos entendíamos, el piloto desde el aire, nosotros desde la nieve, todo bien, perfecto, muchas gracias… ¡¡Inolvidable el detalle!!

    Mientras seguimos a la espera de que llegue la mejora del tiempo que nos anuncia Empar -a través del teléfono satelital- con su predicción tan acertada, y poder ponernos a apartar la nieve del lugar donde habíamos hecho la instalación de la estación, Carlos estruja al máximo los días con sus grabaciones. Como ya sabéis, hace de todo. Vuela con el dron, trabaja con la cámara en tierra, bueno… en la nieve, realiza entrevistas, participa delante y detrás de la cámara, trabaja la técnica de los time-lapse… ¡Vamos!, que está rentabilizando al máximo el tiempo. Siempre que puedo le echo una mano, es mucho el material que tiene que acarrear de un lugar a otro para realizar su trabajo y no es nada fácil avanzar en medio de este manto blanco que nos envuelve. Soy consciente del trabajo tan sacrificado que supone realizar unas buenas grabaciones, sobre todo en estos lugares fríos y con condiciones de intemperie tan complicadas. Perder el tacto de las manos o de los pies es habitual debido al frío que nos acompaña. El calor del resto del cuerpo es más fácil de mantener, moviéndonos, corriendo, o haciendo una tabla de ejercicios, pero las manos y los pies siempre son lo más delicado.

    Seguimos a la espera de la mejora de las condiciones meteorológicas para poder empezar a quitar la nieve del lugar de la estación, y como os decía en el artículo anterior, aprendí de la actitud positiva de Carlos y logré apartar de mi mente cualquier preocupación de por si tenemos o no estación. Me inmiscuí en este paraíso ártico, sabiendo lo afortunada que soy, lo afortunados que somos estos expedicionarios y aventureros polares, aislados, perdidos en medio de esta inmensidad. Disfruto y vivo a tope cada momento, registrando una infinidad de ellos en mi interior, en esa parte de la memoria imborrable para recordarlos y revivirlos cuando me encuentre sumergida de nuevo en el mundo civilizado. ¡Qué hermosa es la soledad ártica vivida con intensidad!

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  • Incertidumbre en pleno paraíso Ártico

    Aterrizamos en el lugar que habíamos indicado inicialmente al piloto en el hangar del helicóptero. Conocíamos muy bien la zona y preveíamos que dada la cantidad de nieve que había, iba a ser el mejor lugar. Protegido de los vientos más fuertes por el final de una morrena y al mismo tiempo con menos nieve sobre la tundra, lo que implica menos trabajo a la hora de retirar ese manto blanco antes de poner las tiendas sobre el suelo.

    En cuanto nos deja el helicóptero, nos ponemos manos a la obra Carlos y yo para retirar esa nieve del suelo, evitando así que se nos funda bajo las tiendas y genere un charco de agua. No hay tiempo que perder, de momento todo está tranquilo, frío pero en calma, no obstante unos nubarrones tremendamente oscuros nos adelantan que esta situación poco va a durar. Lo primero es instalar la tienda grande para poner a resguardo todo el material y efectivamente en medio de la maniobra comienza a soplar un fuerte viento, la nieve empieza a caer racheada y casi sin darnos cuenta estamos terminando de instalar la tienda en medio de una ventisca en toda regla. Condiciones duras habíamos pasado ya en Islandia durante la instalación de las tiendas, viento y agua en aquel caso, y la coordinación que teníamos Carlos y yo para estos quehaceres, era perfecta, así que por muy incómodas que se pusieron las condiciones, nada impidió que casi en un abrir y cerrar de ojos tuviéramos nuestro “hogar” perfecto, allí en medio de la soledad y dureza Ártica.

    Una vez el campamento estuvo listo y todo en orden, avanzando entre la nieve nos acercamos al lugar donde teníamos instalada la estación. Me había parecido, al sobrevolar la zona desde el aire, que las barras que sujetan los lectores en el exterior no estaban… Una punzada había dejado huella en mi interior, pero la curiosidad tuvo que esperar a que le tocara su turno. Aquí y bajo estas condiciones, lo primero es estar protegidos con todo el material a salvo. Después ya irán viniendo el resto de quehaceres…  

    Efectivamente comprobamos al llegar al lugar de la estación, que no asomaban nuestras barras sobre la nieve con las correspondientes protecciones de los lectores. El lugar es extraño con tanta nieve, no hay nada, ni río, ni laguna… no hay relieves que ayuden a identificar el punto en concreto y poco a poco, bajo una observación concisa empiezas a reconocer algún detalle y te vas ubicando. “La verdad es que esta nieve tardía no nos favorece nada el trabajo en esta segunda parte de la expedición” , pienso para mis adentros. Pero así es la naturaleza, no podemos cambiar nada, sólo adaptarnos y acomodarnos a lo que hay. Es lo bueno y lo malo del trabajo a la intemperie en las zonas polares.

    La estación había quedado tremendamente robusta en su nueva versión que reinstalamos en el 2009. No es posible que le hubiera pasado nada a esa parte del exterior que no está en contacto ni con el río, ni tiene que soportar la fuerza de su corriente en las épocas estivales de deshielo. Sólo se nos ocurre pensar que la hayan retirado. Hay una estación científica próxima, que son los que atienden la estación meteorológica que hay en la zona -en este valle de Tarfala- y tiene uno de los registros más antiguos de Europa. Y aunque desde 1961 está oficialmente incorporada como Estación de Investigación en la Universidad de Estocolmo, sin embargo sus primeros registros datan de 1945/46. 

    Nuestra imaginación empieza a buscar argumentos, a tratar de entender qué ha podido pasar. Claramente un científico no realiza este vandalismo, y más si es un científico que trabaja en las zonas polares, pues es consciente de la dificultad que ya de por sí conlleva el mantener equipos funcionando durante todo el año bajo estas condiciones tan sumamente duras. ¿Habrá sido algún logístico de los que atienden la estación? Pero, ¿por qué? No podemos hablar con ellos ahora pues no hay nadie. La estación solo la abren en el verano, cuando las condiciones aquí son más llevaderas…

    La tremenda positividad de Carlos inunda el ambiente de preocupación. A lo mejor sólo han quitado la parte del exterior, la de los lectores. Si fuera así, las sondas que se instalaron en el lecho del río, estarán bien y habrán seguido registrando datos. No podremos acceder a ellos, pero si las sacamos y las enviamos a la casa de fabricación alemana, allí sí podrán conseguir extraer toda esa información. No habremos perdido todos esos datos almacenados desde el 2009. Insiste Carlos que es lo más probable, que la parte ubicada bajo el río no es tan fácil de sacar y que no la habrán tocado.

    Dada la cantidad de nieve y la dureza de ésta por las temperaturas tan bajas que tenemos en estos días, es imposible retirar ahora esta nieve helada aquí en medio de la nada, para buscar las sondas del interior. Llegamos a los -16ºC y en las horas centrales de más calor nos aproximamos a los -9ºC. ¡¡Sí, todo el tiempo bajo cero!! Nuestra única comunicación es el teléfono satelital, así que vamos a llamar a Empar, afiliada a GLACKMA y apasionada de la climatología, para irle pidiendo la predicción meteorológica cada par de días e ir viendo cómo se nos presenta el panorama y cómo podemos irnos organizando según van pasando los días.

    Aunque algo dentro de mi interior me dice que no vamos a tener las sondas y me voy haciendo a la idea poco a poco de una pérdida tan brutal de datos, el optimismo de Carlos me contagia y al menos logro que la tristeza se esfume de mi interior y ser consciente de que estamos en medio de un paraíso Ártico...

    • Karmenka y Carlos limpiando nieve

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  • En helicóptero alcanzamos el Ártico Sueco

    Tres días de navegación en el ferry al abandonar Islandia se pasan volando -casi en un abrir y cerrar de ojos- pues con la cantidad de trabajo de gabinete que traemos de estas semanas de campo, aprovechamos para irlo sacando adelante. Sentada al lado de la ventana, de vez en cuando levanto la cabeza del ordenador y dirijo mi mirada hacia el mar. Ese mar que queda atrás y ese mar que queda por recorrer. Por cada milla de navegación que avanzamos hacia el Sur tengo la sensación de dejar archivada en mi interior una vivencia, una emoción, una sensación de las acontecidas en esta expedición a Islandia. ¡Qué bonita la vida así vivida a tope!

    Desembarcamos en el Norte de Dinamarca y de nuevo varios días de conducción en el Defender para recorrer, por las pequeñas carreteras de Suecia, los casi 2500 kilómetros que nos quedan para alcanzar el Norte, Nikkaluokta. Tenemos que dejar el todoterreno y recorrer los últimos kilómetros ya en helicóptero pues es zona de montaña, en el entorno del Kebnekaise que es la montaña más alta de Suecia con 2.103 metros. El helicóptero lo teníamos coordinado ya con el piloto, tanto el día de salida como el día que nos tienen que ir a recoger. La única comunicación que tendremos es con el teléfono satelital, allí no hay otro tipo de cobertura. Estaremos aislados por completo.

    Ya en el entorno de Nikkaluokta podemos apreciar que la nieve cubre no sólo esta zona, sino el entorno de las montañas hacia el que tenemos que ir. En un mapa a detalle que ocupa una pared entera en el hangar del helicóptero, indicamos al piloto el lugar preciso donde nos tiene que dejar. Nos cuenta que el invierno este año fue muy cálido hasta febrero inclusive y que ya al final, tarde y fuera de temporada, cayó una nevada impresionante. Según nos va narrando estos cambios visibles en la meteorología propia del lugar, pienso para mis adentros que todos son consecuencia de ese calentamiento global que nos está indicando cada vez con más pinceladas que nos metemos en un cambio climático sin lugar a dudas. Nos alerta de que vamos a tener mucha nieve en la zona, y quedamos con él en aproximarnos al entorno deseado para acampar y una vez allí, según veamos las condiciones, terminar de decidir el lugar exacto del aterrizaje.

    Manos a la obra, descargamos todo el equipo del Defender y lo embarcamos en el helicóptero. Vamos hasta los topes. La aventura de nuevo hace circular la sangre a toda velocidad por las venas. Alegría rebosante por la nueva expedición. Tiene un toque de magia el estar aislados, estar rodeados completamente de una buena capa de nieve y con la única comunicación del teléfono satelital. El piloto nos alerta también de que en los primeros días nos tocarán temperaturas de hasta -16ºC y ventiscas… ¡Esto promete!

    Piloto, tres expedicionarios polares y una infinidad de carga, todos en el helicóptero. Sentada adelante -justo al lado del piloto que está ubicado a mi derecha- observo el panel de mando. No entiendo nada, pero no soy yo quien lo tiene que manejar, ¡claro está!. Carlos esta a mi izquierda para poder filmar desde delante y Adolfo va en el asiento de atrás, que se completa con carga y carga y carga… Aspas que empiezan a girar. Ruido de los motores. Auriculares y micrófono en la cabeza para poder hablar con el piloto. ¡¡¡Comienza la aventura!!!

    Despegamos… siempre me ha fascinado volar en helicóptero. Las pocas veces que lo he hecho se han quedado las imágenes grabadas en mi interior para siempre. “El piloto tiene ya mucha experiencia de vuelos”, pensé cuando lo vi y hablé con él en tierra, pero pude comprobarlo después en el aire. Piloto y helicóptero eran uno solo y nosotros integrados en esa unidad. Sube, baja, gira, alabea, pasa a ras de las cumbres y en el último momento levanta el vuelo, ¡qué gozada! Nos ofreció un hermoso paseo por el aire de reconocimiento de la zona, sobrevolando los glaciares, las cumbres, los valles, todo cubierto de blanco, ese manto espeso de nieve que no tenía ni una sola huella humana. Esa naturaleza divina que nos esperaba…

    • Con el piloto, al aterrizar en el entorno de trabajo

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  • ¿Os acordáis de la entrevista sobre un iceberg?

    Hago un paréntesis en los artículos que os estoy narrando sobre la expedición al Ártico Sueco, para dejaros -antes de que os vayáis de vacaciones- el enlace al video que ha preparado Carlos de “La primera entrevista sobre un ICEBERG”.

    ¿Os acordáis de cómo os la describí en el aquel artículo? Pues bien, ahora, podéis vosotros mismos comprobar el resultado. Ahí tenéis a Carlos, desarrollando a la vez un trabajo de diez profesionales, y a este personajillo que os escribe. Con mucha ilusión os la hemos dedicado y anteponiéndolo a muchos otros quehaceres os la ha editado Carlos para que la tengáis antes de que os vayáis de vacaciones, jóvenes expedicionarios.

    ¡¡Esperamos que disfrutéis y aprendáis con ella!!

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  • Toca decir adiós a Islandia

    Casi sin darnos cuenta llega el final de esta primera parte de la expedición. Ahora tenemos que embarcarnos en el ferry y regresar al norte de Dinamarca. De nuevo carretera con el Defender y tras unos 2500 kilómetros, alcanzar el Norte de Suecia donde dejaremos el vehículo, subiremos a un helicóptero con todo nuestro material y nos llevará hasta los pies de nuestra estación en el Ártico Sueco.

    Carlos va conduciendo, Adolfo de copiloto y yo, acomodada en el pequeño hueco que nos queda en la fila de asientos traseros, que tenemos desbordada de material. Mientras avanzamos hacia Seydisfjördur, al nordeste de Islandia donde embarcaremos, mi mente se evade a toda velocidad. Como una especie de película y a modo de flases, se suceden uno tras otro, todos los acontecimientos vividos en estas semanas. Por arte de magia en cuestión de minutos vuelvo a revivir, percibir y llenarme de nuevo de las sensaciones acumuladas en esta temporada, de las emociones que tan intensamente se han instalado en mi interior día tras día. Alegría, tristeza, cansancio, agotamiento, felicidad, paz, ilusión, agobio, esperanza, responsabilidad, melancolía, emoción, emoción y emoción… Todo plagado siempre de una emoción desbordante, una emoción que me inunda, una emoción que ya de por sí no soy capaz de controlar y mucho menos en plena naturaleza, donde siento que me bambolea con mas fuerza…

    Con esos relámpagos de sensaciones bombardeándome interiormente, descubro mi cara reflejada en la ventana tintada, los ojos brillantes se llevan mi atención y en ellos las lágrimas que empiezan a correr. Siento que me ahogo por la intensidad de los pensamientos. Tengo que aflojar un poco… Dirijo mi mirada en la lejanía a una fabulosa montaña volcánica de la costa, que luce a modo de sombrero unas nubes que se han quedado agarradas a su cumbre. El mar delante. Colores oscuros. Parece que va a empezar a llover. Hermosa combinación de tonos del mar, la montaña y el cielo. Abro la ventana, con el propio teléfono hago una foto para recordar el momento. El aire fresco que entra me espabila, me saca de mi ensimismamiento. Poco a poco se va disipando tanta intensidad de recuerdos. ¡Qué afortunada me siento! Se vive más en una expedición, que en un año entero en nuestra vida “civilizada”.

    Os propongo a vosotros hacer algo similar. De todo lo que os he ido contando durante esta expedición, de todo lo que habéis aprendido, de todo lo que habéis sentido, de lo que os ha sorprendido más, de lo que más curiosidad os ha producido, de algo que sabéis que jamás se os va a olvidar en la vida, de lo que queráis, escribidme brevemente sobre ello. Seleccionad algo y contádmelo. Será un verdadero placer para mí, ver qué momento inolvidable voy a compartir con cada uno de vosotros de esta expedición a Islandia.

    • Dejando Islandia

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  • ¿Qué dicen nuestros datos?

    A parte de esos cambios tan significativos que visualmente encontramos en nuestro glaciar Kviarjökull, os voy a contar de forma sencilla algunos otros fenómenos que hemos obtenido con los datos registrados por las sondas en nuestra estación de medida que está registrando cada hora desde el año 2002. Para que os deis cuenta de la cantidad de información que esto supone, a ver si me hacéis un cálculo y me decís cuántos datos tenemos medidos solo en esta estación, desde el 1 de enero de 2002 hasta el 31 de mayo de este año. Recordad que la medición que hacemos es horaria.

    ¿Sabéis que el deshielo producido en el año 2006 fue muy significativo? ¡¡Se duplicó con respecto a los valores medidos tan solo cuatro años antes!! Este comportamiento no fue único en esta estación, lo pudimos medir en la totalidad de las estaciones monitorizadas de GLACKMA en los dos hemisferios, tanto del Ártico como de la Antártida.

    Os diré algo más, en este glaciar el proceso de descarga glaciar ocurre durante todo el año, incluso en invierno, aunque con valores mucho más bajos, ¡claro está!, pues la temperatura ambiente es más baja. Dentro de esa duración anual del deshielo, se registran valores más altos en la parte central del verano, esto es en los meses de julio y agosto. Pues bien, ¿sabéis qué hemos medido en los tres últimos años (2014 a 2016)? Que esos periodos de valores más altos de deshielo se han estirado en tiempo y han pasado a ocupar de dos meses a cinco (junio a octubre). Pero la cosa no queda ahí, todo parece indicar que la tendencia siga ampliándose, pues ahora en el mes de mayo del 2017, los valores registrados son también más propios del inicio del verano.

    Y por si fuera poco, comparando los valores de la descarga glaciar de este hemisferio Norte con el Sur, encontramos que aquí son entre 3.5 y 4 veces mayores que en la Antártida.

    Para vosotros, jóvenes expedicionarios, probablemente estas dos décadas en las que estamos midiendo en GLACKMA, os suponga un periodo de tiempo muy grande, pero os diré que para la Tierra, para nuestro hermoso planeta, eso es tan solo como un pequeño suspiro. Y lo que es realmente dramático y preocupante, es que procesos tan acelerados los podamos registrar en un periodo tan corto de tiempo.

    Os diré más, los glaciares juegan un papel muy importante en el sistema climático global actual de la Tierra. Son los que hacen que el clima sea como lo conocéis actualmente, que se den esas condiciones óptimas para la vida de la humanidad en este planeta. Pero si los glaciares continúan fundiéndose a la velocidad a la que lo hacen, los efectos que iremos encontrando en la atmósferas serán cada vez más violentos. Se está tendiendo a perder la estacionalidad, se alargarán los periodos de sequía seguidos después por fuertes y torrenciales lluvias que arrasan los suelos, a nivel de la atmósfera habrá cada vez más violencia y los fenómenos nos llegarán con más energía. El ascenso del nivel del mar continuará su tendencia creciente y pensad que la mayor parte de la población en la Tierra, se encuentra ubicada en las zonas costeras.

    ¿Sabéis qué es lo que pasa? Con este ejemplo me vais a entender muy bien. Es como si se tratase de una nevera, en la que se encuentran los alimentos y el hielo. Si sube la temperatura, los cubitos de hielo serán los primeros que lo noten y comenzarán a fundirse, pero después, inevitablemente se estropearán los alimentos porque las condiciones que tenían para conservarse han cambiado. Lo mismo pasa en la Tierra. Los glaciares nos crean el clima adecuado para que podamos vivir, si se funden se perderá ese clima que actualmente conocemos y nos permite vivir cómodamente en el Planeta.

    Hoy quiero que reflexionéis un poco. No solo en clase, también con vuestros amigos y vuestros padres y hermanos. Dos preguntas os planteo:

    1-    ¿Qué podéis hacer cada uno de vosotros, hoy en día, ante esta situación?

    2-    ¿Creéis que podréis aportar vuestro granito de arena, el día de mañana, para evitar que sigamos este rumbo tan equivocado?

    • Grabando en la estación de medida

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  • Primera entrevista sobre un iceberg

    Estáis ya al corriente de nuestra primera semana larga bajo duras condiciones de lluvia y viento que paralizó nuestro trabajo. Sabéis también de las grabaciones con el equipo de Iñaki Gabilondo para el programa, que coincidieron con los primeros días que el buen tiempo hizo acto de presencia en nuestra zona. Y cómo ya os he contado, tuvimos que reorganizar nuestras agendas y recortar horas de dormir para sacar adelante la mayor parte de los trabajos que nos habíamos planteado en España antes de venir. En ese listado teníamos prioridades establecidas, como no puede ser de otra manera, para al menos, lo más básico cubrirlo.

    Sinceramente tengo que reconocer nuestra capacidad de trabajo, pues inicialmente parecía inviable sacar adelante tantísimas cosas en el tiempo tan reducido que nos quedaba, y sin embargo nos vamos quedando muy satisfechos por los logros obtenidos. El penúltimo día, antes del viaje de nuevo al Nordeste de la isla, donde embarcamos en el ferry, nos proponemos un reto tan bonito como complicado. Es un reto que tiene que ver con los inicios de lo que os comentaba en el artículo anterior, sobre el perfecto acople entre ciencia y divulgación.

    Es una magnífica idea de Carlos, se trata de realizar una entrevista sobre un iceberg y empezar a divulgar esa ciencia, esa realidad sobre los glaciares. Me apasionó la idea tan creativa y singular, desde el primer momento que la había planteado. Además como transmite tanta fuerza y energía al proponerlo, en ningún momento pensé que sería complicado. Sin embargo, después de ver tan solo unos días antes, la cantidad de personal y de medios que tenía el equipo de Iñaki Gabilondo durante su rodaje con nosotros, me empezó a parecer un reto complicado de sacar adelante.

    Último día, última oportunidad, últimas luces en el glaciar seleccionado. Buscamos el fragmento de hielo en el que sentarnos para realizar la entrevista. Traje de agua para poder alcanzar nuestro escenario. En la orilla, Carlos prepara las cámaras que tiene sobre los trípodes. Me ubico en el lugar que yo ocuparé para que pueda realizar el enfoque correspondiente, después en el que ocupará él para que deje también la cámara preparada. Esta parte está llena de problemas, ocupamos distinto espacio, distinta altura, tenemos que recordar más o menos la posición… ¡Complicado todo!

    Desde donde estoy ubicada, sentada en el hielo, lo veo mirar una y otra vez al cielo, al lugar donde está sol, tratando de adivinar las luces que van a tener lugar durante la entrevista en el transcurso del tiempo, con el recorrido del astro y el movimiento de las nubes. Tiene que dejar ajustadas las tres cámaras para que se mantenga una correcta exposición durante la entrevista con esas condiciones cambiantes. Él va a estar sentado en el hielo, delante de las cámaras, no le queda más remedio que adivinar lo que va a ocurrir y dejar las cámaras preparadas, no va a poder estar detrás de ellas, cambiando los parámetros según se van modificando las condiciones de luz en nuestro entorno natural. Después vienen los ajustes de los micrófonos para obtener una perfecta voz durante la entrevista. Y por si fuera poco, pilota el dron y opera con la cámara desde el aire para completar los recursos. Esto último sin mirar ni al dron, ni a la cámara de pilotaje, para que en las imágenes desde el aire estemos hablando los dos en la entrevista. ¿Os imagináis qué locura?

    Increíble, tres operadores de cámara, un piloto de drones, un técnico de sonido, un realizador, un redactor, un presentador, un entrevistado, y después será un editor. Imposible, salen diez personas en una sola. ¿Creéis que lo conseguiremos? En ese momento fui consciente de la dificultad del reto y me asaltó una duda de si podríamos hacerlo realidad. Sin embargo, percibo el convencimiento y la tranquilidad de Carlos cuando con todo preparado, se sienta a mi lado en el hielo, en nuestro fantástico plató de televisión. En mi interior vuelvo a creer que es posible. Me olvido de posibles complicaciones y disfruto de la entrevista mutua sobre el iceberg, la primera que se hace, y además con un fantástico objetivo, divulgación de la ciencia dando a conocer la realidad de las regiones polares.

    El resultado final… ya lo conoceréis y lo juzgaréis vosotros mismos. De momento en mi interior se ha quedado una huella imborrable con este bonito y fabuloso reto, esta magnífica y única experiencia. Sensaciones indescriptibles alcanzadas por todos los sentidos. ¡Fantástico y poderoso equipo invencible! Vamos a ser capaces de conseguir todo lo que nos propongamos.

    • Entrevista

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  • Ciencia y divulgación. Pasiones encontradas.

    Ciencia y divulgación. Pasiones encontradas.

    Sabéis que con esta expedición doble, Islandia- Ártico Sueco, ponemos en marcha un proyecto muy bonito y en el que tenemos mucha ilusión. Es esa combinación perfecta que hemos hecho con Carlos, donde realizamos una magnífica fusión y ensamblaje de la ciencia y la divulgación. Yo, como científica, soy consciente de que todo el esfuerzo que realizamos en sacar adelante publicaciones científicas, no está siendo realmente útil para nuestra sociedad, llegan a un ámbito tremendamente reducido.

    Al final, las Universidades se quedan únicamente para generar currículos de profesores e investigadores. Pero esa no es mi línea. Nunca he hecho las cosas buscando ser mejor que los demás, o tratando de conseguir reconocimientos. Mi objetivo de vida es sumamente sencillo, simplemente ser feliz. Dedicar toda mi energía para hacer realidad mis sueños y mis ilusiones. Siento una clara pasión por los glaciares en particular y por la naturaleza en general. La caja de herramientas que tengo como matemática me está siendo de gran ayuda para trabajar en los glaciares, entender qué está pasando de manera objetiva, recoger los datos que nos proporcionan, analizarlos, comprenderlos… Pero me saben a poco las publicaciones científicas, porque no consiguen mover nada.

    Es cierto que los resultados que estamos encontrando, relativos al calentamiento global, tanto nosotros como otros científicos desde diferentes ramas de la ciencia, llegan a ámbitos políticos, donde se pueden tomar decisiones que cambien nuestro rumbo como sociedad, pero también es cierto, que no se están empleando para ello. Yo quiero pasar por la Tierra aportando mi granito de arena, algo que sea útil de verdad. Además de ese legado de datos de descarga glaciar por diferentes partes del mundo, que no voy a dejar de recopilar, quiero que esta información, que esta realidad, llegue a la mayor parte de gente posible. Es necesario motivar a la sociedad en general y a los más jóvenes en particular, concienciarlos con la realidad de nuestro planeta. Sólo así podremos movernos a nivel global y cambiar ciertos hábitos de la sociedad que nos están haciendo navegar en una dirección totalmente equivocada.

    Por todo ello me siento súper afortunada de que en GLACKMA -en este momento de dos décadas ya, de mediciones continuas en glaciares de ambas regiones polares-, nos hayamos cruzado en el camino con Carlos Caraglia. Su caja de herramientas de la filmación, la fotografía, los documentales, es la perfecta para crear una magnífica labor conjunta con nosotros. Perfecta combinación de divulgación y ciencia. Con una ilusión gigantesca afronto esta nueva etapa de divulgación científica. Se brindan ante nosotros unos años de mucho trabajo, pero confiamos plenamente en que el resultado va a merecer la pena. La pasión de aventureros -atrapados por el hielo para siempre- es un sólido motor, que va a ser capaz de superar todas las dificultades que nos vayan apareciendo en este nuevo camino. ¡¡Ya lo veréis!!

    ¿Sabéis una cosa? Este es mi artículo 300 en el blog. No es una casualidad, estoy convencida de que esta nueva etapa para GLACKMA en la que combinamos con fuerza la ciencia y la divulgación, va a ser todo un éxito. Vosotros vais a acompañarnos y seréis testigos en primera fila de este resultado.

    • Grabando con el dron

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  • Libertad indescriptible en el glaciar

    Tras llevar cuatro años sin realizar expediciones por falta de financiación, el primer día de entrada a nuestro glaciar Kviarjökull, la ilusión que siento es desbordante. Para ubicároslo en el tiempo, esto tiene lugar justo el día anterior de conseguir extraer los datos en nuestra estación, después de llevar dos días con intentos fallidos. Yo creo que ayudó a descargar mi mente y obsequiarme con la solución del problema.

    Subimos Carlos y yo para hacer una primera exploración, buscar ríos en el interior del hielo, cuevas, encontrar zonas donde poder grabar una buena descripción del drenaje en el interior del glaciar. Adolfo se queda en el campamento. Desde el incremento tan brutal de turismo y tras haber sufrido el violento robo hace cuatro años cuando estuvimos por última vez, no nos quedamos tranquilos dejando todo el material solo. Según estamos preparando el equipo básico para el glaciar, mi corazón se acelera y siento que la sangre circula a velocidad por mis venas. La emoción está a flor de piel… Tantos años sin tocar un glaciar…

    Comenzamos acercándonos por el centro de la morrena frontal, atravesando las más antiguas, ya sin hielo de años anteriores. Sabemos que el paso para entrar en el glaciar no es por aquí, pero interesa filmar lo más posible toda esta parte del glaciar también. Una vez hecho el trabajo de imagen de esta parte frontal, abordamos el remonte del cañón de la margen lateral izquierda. Cuando vemos que la correspondiente morrena lateral nos permitirá el paso, dejamos el avance cómodo por la tundra en esa parte alta del cañón y nos proponemos atravesar dicha morrena.

    Ya sabéis que las morrenas están formadas por todos esos materiales de roca, piedras, sedimentos que va transportando la masa helada del glaciar en su avance y los va acumulando a modo de barreras en diferentes posiciones del mismo. Está así la frontal, que se ubica horizontalmente en el frente del glaciar, las laterales que como su nombre indican se encuentran longitudinalmente en las márgenes del mismo, y además, según la orografía del terreno, podemos encontrar otras centrales posicionadas en el interior del glaciar. Estas morrenas aunque superficialmente las vemos como montañas de piedras, cascotes y barro, en realidad tienen hielo en su interior, y el avance por ellas suele ser bastante complicado debido a la inestabilidad de las mismas.

    Una vez atravesada nuestra morrena lateral y ya en el hielo glaciar, no pude menos que golpear con fuerza mis botas -con los crampones atados- sobre este hielo. Era una especie de saludo, de reencuentro con el glaciar, como un “choca esas cinco, amigo”… Cuatro años sin tener esta maravillosa sensación al pisar sobre el hielo. ¡Cuánto lo había echado de menos! Allí en medio del glaciar, mi mochila pesada a mis espaldas parecía haberse aligerado, me sentía feliz, una intensa sensación de libertad invadió mi interior y me emocionó. Miré a Carlos, un súper compañero expedicionario -es difícil encontrar a personas tan válidas para estas aventuras polares-. Percibí también su felicidad y emoción de adentrarnos sobre el glaciar. Con esa sensación de paz inmensa, de que el tiempo se ha detenido o de que nunca ha existido el cómputo que hacemos de él, nos adentramos hacia el centro del glaciar.

    Lo que vamos viendo según nos acercamos es desolador, todavía más de lo que percibíamos desde lejos. El glaciar ha perdido una considerable masa en estos casi cinco años sin visitarlo. No solamente su frente glaciar ha retrocedido una barbaridad, el espesor de hielo perdido es increíble. Tanto que no es posible encontrar ya cuevas en su interior, ni esos enormes conductos por los que circula el agua en sus entrañas… Casi no queda hielo en su parte frontal para albergar todas estas formaciones. Poco a poco, el glaciar va perdiendo su lengua glaciar en el frente y va quedando cada vez más colgado en el valle, con sus innumerables grietas o seracs, generados en el hielo debido a los cambios de pendiente en ese descenso por las paredes del valle frontal.

    Absortos con el ambiente tan desolador que tenemos bajos nuestros pies, perdemos la mirada casi en el infinito, hacia el mar, allá en la lejanía tenemos el campamento, no lo vemos por la distancia, pero sabemos donde ubicarlo. Grabaciones de Carlos con la cámara fija y algunos vuelos con el dron. Consigue hacer una perfecta radiografía del estado actual del glaciar. Le gustará verla a Adolfo. ¡Qué pena no haber contado con esta herramienta, años antes, cuando empezamos a trabajar aquí!

    El tiempo se nos pasa volando. Hay que regresar antes de que oscurezca, al menos salir del glaciar pues puede convertirse en algo peligroso sin luz. Rápido, pero con precaución, emprendemos el camino de regreso. Salimos del hielo glaciar, cruzamos la morrena y avanzando ya por la zona de tundra, nos relajamos, disminuimos la velocidad. Nuestras mentes siguen en el glaciar… Este avanzar más pausado por la espesa tundra, a modo de alfombra que amortigua cada paso y en la que descansan nuestros pies del trabajo que han tenido que realizar horas antes, provoca en ambos un cansancio que nos invade de golpe. Tenemos la sensación de no alcanzar nunca la zona del campamento…

    Casi 20 kilómetros hemos recorrido, subiendo y bajando morrenas, avanzando por el hielo buscando el camino en medio de un laberinto de grietas, clavando con fuerza los crampones en las crestas de las mismas. Las sensaciones en nuestro interior tienen dos vertientes, por un lado esa maravilla de libertad al pisar el hielo glaciar y por otro esa desolación al encontrarlo con un deshielo tan avanzado. Una balanza difícil de encajar…

    • KARMENKA GLACIAR

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  • La vida en el campamento

    ¿Tenéis curiosidad de cómo es la vida en el campamento? A modo de pincelada os describiré algunos momentos para que podáis acompañarnos también en esta parte de la aventura.

    En primer lugar os tengo que decir que la cantidad de material que traemos es impresionante y no es por el equipo personal de cada uno de los expedicionarios, que es lo que menos ocupa pues nos sabemos arreglar con muy pocas cosas. El volumen es generado por los equipos de trabajo en el glaciar, por el de las mediciones en los ríos de descarga, por el equipo de grabación, sonido, fotografía, por el equipo de campamento, comida, herramientas, equipo de instalación de nueva estación glaciar… ¿Cómo hemos podido meter todo eso en el Defender? No lo sé. Lo único cierto es que es necesaria mucha paciencia y mucho orden para encajar todo, aprovechar el espacio y poder acceder de manera no demasiado complicada a las cosas que se necesitan más habitualmente. El coche sale de España con todo el hueco de la parte trasera de carga lleno sin ningún resquicio entre bulto y bulto, con parte de los asientos traseros ocupados por equipos y con material sobre la baca. Espacio libre justo para ir sentados los tres aventureros.

    Los días que dura nuestro viaje por carretera hasta que llegamos a Islandia y dentro de esta isla hasta el lugar donde está nuestro glaciar para montar el campamento, nos arreglamos como podemos y con paciencia. Cada vez que nos toca buscar alguna cosa para preparar la comida, o grabar, o vivaquear algunas horas por las noches, sacamos nuestra paciencia y tranquilidad para que la tarea sea lo más llevadera posible. Cuando llegamos a nuestro glaciar, con ilusión montamos el campamento, aunque nos pilló la lluvia como ya os conté en su momento. ¡Qué respiro tener la tienda grande de campamento instalada! En ella podremos alojar todo el equipo de forma ordenada y fácil de acceder cada vez que necesitemos algo, tendremos todo protegido de la lluvia y dispondremos de un lugar donde poder realizar el trabajo de gabinete, tanto de la parte científica como de la de divulgación.

    ¡Qué ilusos fuimos! ¿Os acordáis del problema que nos surgió la primera noche? Apenas tuvo tres horas de vida esa tienda instalada. Las varillas se rompieron en plena madrugada por el viento, bajo una intensa y copiosa lluvia tuvimos que poner a salvo dentro del coche de nuevo todo el material y recoger la tienda. Ya sabéis que la situación no fue cómoda, pues tuvimos más de una semana de intensas lluvias, el material acumulado en el Defender, mojados todo el día, sin un lugar donde ni siquiera poder cocinar protegidos de la lluvia y lo que fue peor, sin poder sacar adelante ni el trabajo científico, ni el de divulgación.

    Cuando la lluvia cesó un poco, arreglamos de forma provisional las varillas y volvimos a instalar la tienda. De poco nos valió el respiro pues de nuevo y en otra madrugada, la tela se rasgó. Vuelta a repararla y protegerla con tensores que atamos incluso al Defender, ubicándolo de protección a modo de muralla en el flanco más azotado por los vientos glaciares. No fue la última vez que tuvimos problemas con la tienda, ya habéis leído en el artículo anterior que justo la madrugada, antes de empezar a grabar con el equipo de Gabilondo, volvimos a quedarnos al descubierto.

    Pero no son todos los momentos complicados en la vida de campamento. Hay momentos hermosos y muy felices. ¿Sabéis lo inolvidable de moler el café de la mañana con un molinillo a mano? Hacerlo despacito en la cafetera, la de siempre, la de la toda la vida, la que hace un café espectacular… Disfrutar ya del olor, en primer lugar según se va moliendo y después al poner la cafetera al fuego. El remate final, mantener la taza humeante en las manos con una leche cremosa liofilizada que nos da la vida. E indescriptibles son las sensaciones si la mañana está tranquila, sin viento, sin lluvia, con las vistas tan espectaculares que tenemos en el campamento, bien hacia el mar o bien hacia el glaciar y todo ello rodeados de esa tundra mágica y llena de tonalidades de verdes. Son pequeños momentos felices, llenos de paz, que quedan grabados para siempre en la vida de campamento de un expedicionario.

    Recoger los cacharros después de comer e ir al río a lavarlos, aunque parezca mentira, tiene también su encanto. Son todos detalles que te hacen comprender que en la vida civilizada nos rodeamos de multitud de cosas que son totalmente prescindibles, que nos terminamos metiendo en una burbuja artificial, consumista y tan alejada de la naturaleza como de la paz .

    Asearte en el río, esos baños realizados a toda velocidad porque el agua no llega a 1ºC, completa esa lista de buenas sensaciones que nos regala el campamento. No es bueno pensarlo dos veces, desnudarse rápido en la orilla del río, buscando un recodo lo más protegido posible del viento, y zambullirse en el agua. Enjabonarse a toda velocidad, aclararse y salir de nuevo a la orilla con los pies descalzos sobre las piedras redondeadas, para secarte, empezar a vestirte y comenzar a percibir y disfrutar de esa sensación de calor ocasionada por el contraste con las frías aguas. Tras el baño, de camino al campamento, la sensación es también indescriptible, te encuentras totalmente tonificado, feliz, como nuevo… No hay nada mejor que integrarse en la naturaleza.

    Inolvidable placer es también dormir en el saco, dentro de la tienda. Fantástico es con un ambiente exterior tranquilo, aunque también hay que saber salir adelante en esas noches en las que la lluvia cae con intensidad en el exterior o cuando el viento azota con fuerza, empuja la tienda y cada poco tienes que salir al exterior desapacible a comprobar tensores o fijar cabos de seguridad. Como os dije en un artículo, la fuerza está en la cabeza. No lo olvidéis nunca, jóvenes expedicionarios.

    Como podéis ver, aunque tenemos algunos momentos durillos, con lo que nos quedamos, es siempre, con las buenas sensaciones. De lo que queda plagado nuestro interior es de hermosos momentos vividos, que echaremos de menos cuando regresemos de nuevo a la civilización.

    • Campamento glaciar
    • Cocinando
    • Arroz con leche

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