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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Libertad indescriptible en el glaciar

    Tras llevar cuatro años sin realizar expediciones por falta de financiación, el primer día de entrada a nuestro glaciar Kviarjökull, la ilusión que siento es desbordante. Para ubicároslo en el tiempo, esto tiene lugar justo el día anterior de conseguir extraer los datos en nuestra estación, después de llevar dos días con intentos fallidos. Yo creo que ayudó a descargar mi mente y obsequiarme con la solución del problema.

    Subimos Carlos y yo para hacer una primera exploración, buscar ríos en el interior del hielo, cuevas, encontrar zonas donde poder grabar una buena descripción del drenaje en el interior del glaciar. Adolfo se queda en el campamento. Desde el incremento tan brutal de turismo y tras haber sufrido el violento robo hace cuatro años cuando estuvimos por última vez, no nos quedamos tranquilos dejando todo el material solo. Según estamos preparando el equipo básico para el glaciar, mi corazón se acelera y siento que la sangre circula a velocidad por mis venas. La emoción está a flor de piel… Tantos años sin tocar un glaciar…

    Comenzamos acercándonos por el centro de la morrena frontal, atravesando las más antiguas, ya sin hielo de años anteriores. Sabemos que el paso para entrar en el glaciar no es por aquí, pero interesa filmar lo más posible toda esta parte del glaciar también. Una vez hecho el trabajo de imagen de esta parte frontal, abordamos el remonte del cañón de la margen lateral izquierda. Cuando vemos que la correspondiente morrena lateral nos permitirá el paso, dejamos el avance cómodo por la tundra en esa parte alta del cañón y nos proponemos atravesar dicha morrena.

    Ya sabéis que las morrenas están formadas por todos esos materiales de roca, piedras, sedimentos que va transportando la masa helada del glaciar en su avance y los va acumulando a modo de barreras en diferentes posiciones del mismo. Está así la frontal, que se ubica horizontalmente en el frente del glaciar, las laterales que como su nombre indican se encuentran longitudinalmente en las márgenes del mismo, y además, según la orografía del terreno, podemos encontrar otras centrales posicionadas en el interior del glaciar. Estas morrenas aunque superficialmente las vemos como montañas de piedras, cascotes y barro, en realidad tienen hielo en su interior, y el avance por ellas suele ser bastante complicado debido a la inestabilidad de las mismas.

    Una vez atravesada nuestra morrena lateral y ya en el hielo glaciar, no pude menos que golpear con fuerza mis botas -con los crampones atados- sobre este hielo. Era una especie de saludo, de reencuentro con el glaciar, como un “choca esas cinco, amigo”… Cuatro años sin tener esta maravillosa sensación al pisar sobre el hielo. ¡Cuánto lo había echado de menos! Allí en medio del glaciar, mi mochila pesada a mis espaldas parecía haberse aligerado, me sentía feliz, una intensa sensación de libertad invadió mi interior y me emocionó. Miré a Carlos, un súper compañero expedicionario -es difícil encontrar a personas tan válidas para estas aventuras polares-. Percibí también su felicidad y emoción de adentrarnos sobre el glaciar. Con esa sensación de paz inmensa, de que el tiempo se ha detenido o de que nunca ha existido el cómputo que hacemos de él, nos adentramos hacia el centro del glaciar.

    Lo que vamos viendo según nos acercamos es desolador, todavía más de lo que percibíamos desde lejos. El glaciar ha perdido una considerable masa en estos casi cinco años sin visitarlo. No solamente su frente glaciar ha retrocedido una barbaridad, el espesor de hielo perdido es increíble. Tanto que no es posible encontrar ya cuevas en su interior, ni esos enormes conductos por los que circula el agua en sus entrañas… Casi no queda hielo en su parte frontal para albergar todas estas formaciones. Poco a poco, el glaciar va perdiendo su lengua glaciar en el frente y va quedando cada vez más colgado en el valle, con sus innumerables grietas o seracs, generados en el hielo debido a los cambios de pendiente en ese descenso por las paredes del valle frontal.

    Absortos con el ambiente tan desolador que tenemos bajos nuestros pies, perdemos la mirada casi en el infinito, hacia el mar, allá en la lejanía tenemos el campamento, no lo vemos por la distancia, pero sabemos donde ubicarlo. Grabaciones de Carlos con la cámara fija y algunos vuelos con el dron. Consigue hacer una perfecta radiografía del estado actual del glaciar. Le gustará verla a Adolfo. ¡Qué pena no haber contado con esta herramienta, años antes, cuando empezamos a trabajar aquí!

    El tiempo se nos pasa volando. Hay que regresar antes de que oscurezca, al menos salir del glaciar pues puede convertirse en algo peligroso sin luz. Rápido, pero con precaución, emprendemos el camino de regreso. Salimos del hielo glaciar, cruzamos la morrena y avanzando ya por la zona de tundra, nos relajamos, disminuimos la velocidad. Nuestras mentes siguen en el glaciar… Este avanzar más pausado por la espesa tundra, a modo de alfombra que amortigua cada paso y en la que descansan nuestros pies del trabajo que han tenido que realizar horas antes, provoca en ambos un cansancio que nos invade de golpe. Tenemos la sensación de no alcanzar nunca la zona del campamento…

    Casi 20 kilómetros hemos recorrido, subiendo y bajando morrenas, avanzando por el hielo buscando el camino en medio de un laberinto de grietas, clavando con fuerza los crampones en las crestas de las mismas. Las sensaciones en nuestro interior tienen dos vertientes, por un lado esa maravilla de libertad al pisar el hielo glaciar y por otro esa desolación al encontrarlo con un deshielo tan avanzado. Una balanza difícil de encajar…

    • KARMENKA GLACIAR

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  • Con el tiempo justo

    No quiere andar y no quiere andar, ¡es así! Todos los intentos que se nos ocurrían realizamos, mientras aparecía la grúa. Comprobación de la batería, cambio de fusibles que pudieran tener cierta relación con el problema, tanto de la caja principal como de la secundaria, chequeo de la continuidad de los cables eléctricos que llegan a ellos… Pero el Defender seguía parado.

    Llega el taxi antes que la grúa. Le habían indicado desde el seguro de llevarnos a Luarca, pero conseguimos cambiar esa alternativa por la que veíamos más operativa, alcanzar la casa de Land Rover en Oviedo. Cualquier problema sería más fácilmente solucionable allí. Esperamos a que llegase la grúa y cargase el Defender con todo nuestro equipo para ponernos rumbo a mi ciudad natal.

    Os voy a contar una cosa, que la considero como un signo del futuro bonito que está por hacerse realidad. El lugar en Asturias en el que el Defender dijo “basta”, fue cerca de donde tengo rehabilitando mi gran sueño, ese velero al que le queda poco para surcar primero las aguas del Cantábrico y después entrar en la historia de GLACKMA, en un futuro no muy lejano… Pero dejemos eso, centrémonos ahora en Oviedo, en la casa de Land Rover, en nuestro todopoderoso Defender que es la primera avería que tiene desde 1999 y en tres expedicionarios polares que no pierden el buen humor.

    Aquí en el polígono del Espíritu Santo, frente a la puerta del taller, pasamos la noche acompañando a nuestro cuarto expedicionario, nuestro todoterreno. Adolfo sentado en el asiento del copiloto, y digo sentado porque estos asientos casi no se reclinan nada. Carlos estrenando su equipo de vivac fuera, flanqueando el costado derecho del Defender, bajo el orvallo asturiano. Y yo encogida en los asientos del medio, tratando de estirar un poco las piernas por encima del asiento del conductor, cuando se me quedaban dormidas.

    Así, ahí acurrucada con las luces del polígono iluminando el interior del vehículo, el ruido de los coches circulando en la carretera a tan solo unos metros de nuestro “hogar”, mi mente recorrió de nuevo lo acontecido durante el día. Pasó de la magia tan bonita de la salida en Ferrol, aquella ilusión sincera y contagiosa de los más pequeños, a vernos ahora con el coche parado en un día de fiesta y esperando… Sentí una emoción profunda al ser consciente del gran equipo que tenía a mi lado. En silencio dejé que mis lágrimas corrieran libres. Percibí la suerte de que no estuviéramos solos Adolfo y yo como en todos estos años anteriores. El contar con este fichaje estrella que hemos hecho con Carlos, me dejaba muy tranquila. Percibía que éramos invencibles luchando por nuestros sueños polares. La aventura comenzaba con fuerza, como debe ser, nunca conoces qué va a pasar mañana, ni siquiera qué va a acontecer unas horas más adelante.

    Amanece el día lleno de ilusiones e incertidumbres que según avanzan las horas, van buscando su realidad. El problema resultó ser la bomba de gasóleo, no tienen repuesto en Oviedo y llega mañana desde Guadalajara. Después cuatro horas de taller para el montaje y podremos continuar por la tarde nuestro camino rumbo a Hirtshals, al norte de Dinamarca. La media del Defender será de 90 km/hora, así que toca hacer relevos continuos en la conducción para alcanzar nuestro objetivo de embarcar en el ferry a tiempo. Somos un equipazo de verdad, y lo vamos a conseguir. Además, os confieso que vuestro apoyo durante el día de ayer y de hoy, tanto por el blog como por las redes sociales, dándonos ánimos y sabiendo que sois partícipes de nuestra aventura, nos está ayudando mucho.

    Entre todos lo vamos a conseguir. ¡¡Llegaremos a tiempo!!

    • Defender en Land Rover Oviedo

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  • Un astillero en toda regla

    En el último artículo que os hablaba del velero, corté la narración porque se hacia ya demasiado largo. Terminé transmitiéndoos mi sensación de falta de energía que percibía para continuar con las labores de rehabilitación del Tornado 31, una vez que llegó el final del verano y fui consciente de que todavía me quedaba trabajo para fines de semana de, al menos, otro año más. Y lo peor, el invierno se acercaba y el trabajo a la intemperie me iba a quedar muy limitado… Lo dejaba tapado con unos toldos, pero tan pronto empezaron las primeras lluvias un poco serias, me di cuenta de que no iba a ser suficiente.

    Mi sensación era similar a la que sientes en una carrera de fondo cuando te faltan fuerzas para continuar. Te has esforzado al máximo, pero tienes esa percepción de haberte desfondado antes de la llegada…

    A mediados ya de octubre, subía uno de los fines de semana para continuar trabajando en mi “astillero” particular. Era la primera vez desde que me zambullí en esta aventura, que iba sin llevar en mente planificadas las tareas que intentaría sacar adelante esos dos días. Siempre preparaba una lista “interminable”, de la cuál iba afrontando uno u otro trabajo en función de la meteorología y de los problemas e imprevistos que me iban surgiendo.

    Me encontraba extraña… por primera vez no fui capaz de proponerme nada de esa lista inacabable de tareas. “Huy, huy, huy… realmente la energía se me disipó”, pensaba para mis adentros. “No es normal… Y, ¿si no recupero esa fuerza para terminar la rehabilitación?”. Estas reflexiones pululaban por mi mente, cuando de repente me encuentro en la costa, junto al velero apuntalado en tierra… ¡¡¡Y no podía creer lo que veía!!!

    ¡¡¡Tremenda sorpresa!!! , ¡¡¡subidón de energía, de ganas de trabajar!!! De repente, se amontonaron en mi mente cien mil tareas para tratar de hacer ese fin de semana. ¿¿¿Qué había pasado???

    Aquí os tengo que hablar de Jero, un nuevo amigo, amante de la navegación, a quien había conocido tan sólo unos meses antes, cuando andaba tratando de encontrar a alguien que me pudiera ayudar con todo lo que es el tema de la maniobra y acastillaje del velero. Este experto navegante en solitario vio que el verano se me acababa y que me iba a meter en el invierno con el barco “abierto”, y me propuso preparar una especie de techado protegiéndolo un poco de las lluvias. Trabaja en creación e instalación de invernaderos y yo sabía que me lo proponía de verdad, pero sinceramente sentía apuro que se tuviera que meter en ese “fregado” y no me pareció correcto aceptarle la propuesta.

    Con este inciso, supongo que ya os habéis imaginado la sorpresa con la que me encontré ese fin de semana: los pilares alrededor del velero para la instalación del cierre; invernadero; astillero en toda regla; o como a mí me gusta llamar a esa magnífica estructura ingenieril: “casita”, porque realmente es posible trabajar dentro con unas condiciones muy favorables cuando fuera las inclemencias del tiempo me recuerdan constantemente que estamos en invierno.

    ¿Y sabéis una cosa más? Está hecho aprovechando y reciclando materiales. ¿No es increíble? Una vez todas las piezas preparadas y transportadas hasta el velero para la instalación de la estructura, contamos con la ayuda de Adolfo y de Charrán. Éste último, otro navegante del Cantábrico, gracias a quien conocí a Jero.

    Ya veis que he tenido una tremenda suerte. En este mundo acelerado del siglo XXI en el que todos parecen estar compitiendo contra todos, es reconfortante encontrarse de vez en cuando con personas que desinteresadamente te brindan su ayuda. Me recuerda al ambiente de equipo que se crea en las expediciones polares, donde todos necesitamos de todos. ¡Realmente soy una afortunada!

     

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  • 11/01/2014

    - velero , equipo , Barco

    5 comentarios

    Trabajos de astillero

    Llegada al puerto

    Para satisfacer la curiosidad de todos aquellos que me habéis preguntado cómo va el trabajo del velero, os escribo este artículo. También, para todos los que tenéis esa misma curiosidad, pero no habéis formulado la pregunta.

    ¿Cómo empezar? Podría escribir un libro de esta aventura, quien sabe si algún día me sobra tiempo y me pongo a ello… Labores de rehabilitación en el barco, que comencé el 1 de octubre. ¡Qué lejos parece ese inicio! Fin de semana, tras fin de semana. No puedo decir que de sol a sol, porque comenzaba con luz artificial y terminaba de la misma manera para poder estirar cada día de trabajo. Me veía como una hormiguita queriendo mover una montaña. Al finalizar cada fin de semana y regresar a Salamanca, mientras conducía iba pensando en el trabajo hecho… ¡siempre me parecía tan poca cosa! Insignificante percibía el avance, en comparación con todo lo que quedaba por hacer.

    Fueron surgiendo muchos problemas con los que no contaba. Sinceramente, no creí en un inicio que tanto iba a ser el trabajo para rehabilitarlo. Problema de ósmosis, entrada de agua en la unión del casco con la cubierta y por una infinidad de sitios, depósito de combustible roto… Los imprevistos iban surgiendo uno tras otro. Y, todavía espero alguna que otra sorpresa…

    Querer explicaros con detalle todo esto y la forma de repararlo, creedme, me conduciría a escribir un libro. Ahora sólo os cuento que con trabajo y perseverancia, todo se puede conseguir. De no tener ni idea de las labores de astillero, estoy llegando a aprender de todo. El mérito no es mío, sino de la gente que me está orientando, que se han propuesto que tengo que conseguir, sí o sí, botar el velero… Y también de los que semana tras semana van viendo los pequeños avances y con sus palabras me llenan de ánimo para continuar. Verlos a ellos tan seguros de que lo voy a lograr, me hace olvidar esa imagen de la hormiguita intentando mover una montaña.

    Como os podéis imaginar, la mayor parte de las vacaciones de Navidad, las pasé en mi “astillero particular”. Es la primera vez en mi vida desde que empecé a trabajar que en vacaciones hago eso: ¡¡vacaciones!! Fueron unos días inolvidables, acompañada de grandes amigos que comparten conmigo esta enorme ilusión del velero. Rodeados de la gente de mar, que es muy especial, -ellos saben lo que es el apoyo y la solidaridad- me hicieron recordar el buen ambiente de equipo de las expediciones. Un invierno sin campaña antártica, pero con una experiencia inolvidable que estoy segura recordaré siempre.

    Regreso a Salamanca satisfecha por el avance realizado. Creo que en este momento, los trabajos de rehabilitación alcanzaron un punto de inflexión. A partir de ahora, poco a poco, cada pequeña labor va a ir siendo más visible.

    El último día, una mirada de despedida a mi velero… Me invadió una oleada de tristeza. ¡Qué hermosos días he pasado! Mi mente se desconectó por completo del estresante y alocado mundo civilizado. Tenía la sensación de que finalizaba una expedición. Mañana me levantaré y no podré venir a trabajar aquí…

    No quiero ni imaginar las sensaciones que llenarán mi vida cuando en lugar de venir al “astillero”, venga a navegar…

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  • Los frutos se van viendo poco a poco

    “Pocas noticas de GLACKMA, pocas cosas escribe Karmenka en el Blog… ¿qué pasará? Habrán desaparecido…” pensabais algunos de vosotros. “¿Qué será de ellos?”

    ¡No!!, tranquilos!!, aquí estamos y seguimos con fuerza. Han sido meses y meses de trabajo, del que empezáis a ver los frutos. Una larga temporada con mucho trabajo detrás que no ha sido visible, pero ahora empezáis a comprobar el resultado. Como habéis comentado algunos: “GLACKMA está viva”.

    Acabáis de ver los primeros resultados: una magnífica página web llena de contenidos y muy bien organizados, además de atractiva y elegante… ¿qué más se puede pedir? Como remate os ofrecemos el primer calendario de GLACKMA con magníficas fotos de las regiones polares donde trabajamos.

    Y las novedades no quedan ahí… Seguimos trabajando sin parar, compatibilizando estas gestiones con el trabajo habitual de cada uno, para poder seguir ofreciéndoos más y más novedades. ¡Ya lo veréis! 

    Nuestra ilusión es enorme, como la del primer día. Queremos seguir adelante en esta tarea tan importante para nuestro Planeta, para nuestros jóvenes, para nuestra sociedad, para todos, para ti… Aquí seguimos trabajando porque creemos en lo que hacemos. A veces el camino es complicado y hay dificultades, pero ya veis que con tenacidad todo se puede superar.

    Os animo a que os unáis a nuestra Asociación todos los que no lo habéis hecho todavía. Y los que ya sois afiliados, nos ayudéis a extenderla a los demás, a vuestros conocidos, familiares, amigos… Tenemos que seguir creciendo.

    También os animo a que colaboréis con nosotros más activamente, mirad nuestra sección de voluntariado, a ver en qué nos podéis ayudar. Incluso, proponednos alguna cosa nueva, vuestra aportación, vuestra idea. Gracias a las personas que colaboran desinteresadamente con nosotros es cómo estamos consiguiendo avanzar.

    Y no os olvidéis: ahora todos los afiliados podéis escribir en el Blog del Afiliado, que hemos abierto expresamente para vosotros. Esperamos vuestros artículos. También tenéis la posibilidad de escribir algo para la revista GLACKMA. A ver si os animáis a estrenar el número 1 que saldrá al finalizar el año.

    Os esperamos… En vuestras manos está… 

    • Calendario GLACKMA 2014
    • Brindando por la nueva web y el calendario

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  • Trabajo en equipo

    Continúo narrándoos algunas sensaciones más con las que me he llenado tras las últimas conferencias impartidas. Y para ello os voy a empezar hablando metafóricamente, creo que de esta forma me será más fácil transmitiros lo que quiero.



    Los que me vais conociendo a través del Blog habréis podido adivinar ya, que me gusta mucho hacer deporte. Practico unos cuantos, según mis posibilidades de tiempo. Pero sobre todo me gustan los deportes de fondo, en los que la fuerza mental es imprescindible para seguir adelante.

    Uno de los que habitualmente más practico cuando estoy en España es el ciclismo y me encanta sobre todo en montaña. Cuando vas subiendo y escalando puertos y llega ese momento en que crees que no vas a ser capaz de más… Notas que tus piernas quieren parar, no parecen tuyas, no quieren obedecerte… Miras hacia abajo, ves todo lo que has ascendido ya, la carretera así desde arriba parece una cuerda metida en un bolsillo. Levantas la cabeza y ves que todavía te queda mucho por subir. Dentro de la pendiente del puerto, cuando te parece que vas al límite la carretera se muestra ante ti todavía con algunos grados más de inclinación. La bici casi se quiere parar… Jadeas, bebes un poco del agua del que te queda ya completamente caliente. El sudor te cubre la cara, te empaña las gafas… La mente a marchas forzadas no hace más que mandar órdenes y órdenes a las piernas… “no os detengáis ahora, un poco más…”

    Y entonces aparece tu equipo, te arropan, te pones a rueda, te cortan el viento… ahora es más fácil. Y comienza a aparecer gente que no conoces pero que desde los bordes de la carretera te animan con sus voces, recibes agua fresca, alguna barrita energética… No sabes cómo, pero casi en un abrir y cerrar de ojos, el cansancio parece haberte abandonado, las piernas vuelven a coger su ritmo y la cabeza por fin, puede dejar de mandarles órdenes…

    Imaginaros después otro día y otro y otro. El cansancio acumulado va dejando mella, también es verdad que te vas fortaleciendo y al ir logrando tus pequeñas metas de cada día, te vas animando para seguir jornada tras jornada luchando por tu objetivo final.



    Esas sensaciones son las que tengo con GLACKMA. Uno comienza avanzando casi en solitario, al principio éramos solamente Adolfo y yo. Después GLACKMA creció, se fue forjando un equipo, ¡impresionante grupo! Cuando las fuerzas personales para seguir adelante con esta tarea que nos hemos puesto nosotros mismos, se sienten debilitadas, encuentras el amparo y el aliento del equipo. Entonces, no sabes cómo, pero te sientes reconfortado y puedes continuar. Es una verdadera coordinación de grupo. Y ahora además con la Asociación, estáis entrando a participar y colaborar muchos de vosotros que nos leéis y espero que sigáis incrementando ese número poco a poco.

    Cuando comenzamos hace ya más de una década con lo que llamamos GLACKMA, nos pagábamos nosotros los viajes, las sondas, el material, todos los gastos, conseguíamos tan sólo algún patrocinador que nos daba, no dinero, sino “especias”. Con nuestros esfuerzos llegamos a demostrar que la idea que pusimos en marcha merecía la pena y así comenzamos a conseguir poco a poco subvenciones… Desarrollamos durante la década pasada todo lo que tenemos en marcha, esa red de ocho estaciones en las regiones polares, midiendo en continuo -cada hora- la descarga glaciar.

    Y ahora, ¿qué está pasando?, la crisis nos afecta también a nuestros proyectos y nos hemos vuelto a quedar sin subvenciones. Pero una cosa está clara, todo el esfuerzo de tantos años no lo vamos a dejar perder, vamos a mantener -como sea- operativas y funcionando esas estaciones de registro glaciar e indicadoras en tiempo presente de la evolución del calentamiento global.

    ¿No habéis oído eso de “Muchas cosas pequeñas, en muchos lugares pequeños, hechas por mucha gente pequeña, pueden transformar el mundo”? En eso creemos nosotros y en esta línea hemos puesto en marcha varias estrategias.

    Una de ellas y la más importante es conseguir afiliados a GLACKMA, son sólo 12 euros anuales. “¡No es nada!” diréis, pero os aseguro que con muchos afiliados, sí conseguiremos algo. Tenemos como objetivo conseguir 300 afiliados para este otoño, y 3000 en 3 años (a 1000 por año…). Como algunos de los que nos han escuchado en estas conferencias, que nos decían, “es una cuota muy asequible, en realidad es tan sólo 1 euro por mes”… Ojalá muchos de vosotros penséis igual y os afiliéis, en nuestra página os iremos incluyendo en GLACKMA.

    Otra de las vías que hemos puesto en marcha ha sido, también a costa nuestra, reeditar dos de los libros que habíamos escrito y se habían agotado. Ahora somos además una editorial y la hemos inaugurado con esas reediciones (Cuevas en Hielo y Diario Polar). De momento los estamos vendiendo en nuestras conferencias y pronto estarán accesibles en una tienda virtual en la web. Hemos hecho también unas camisetas, muy chulas por cierto, también a la venta.



    Una tercera estrategia, importantísima, es el Voluntariado. Hemos abierto varias propuestas para que colaboréis con nosotros. Algunas de las necesidades que más nos urgen son las siguientes: gestión documental, tratamiento de imágenes, catalogación de fondos bibliográficos, diseño y programación de páginas web, expertos en Joomla, gestión y animación de comunidades de usuarios, educadores medioambientales dispuestos a viajar…

    Los puntos suspensivos del párrafo anterior significan que cualquier otra cosa nos hace falta. De verdad, ¡creedme! Hay infinidad de cosas por hacer. De hecho pensad que todo lo que hemos conseguido hasta ahora ha sido siempre Voluntariado… de unos poquitos solamente. Imaginaros lo que podemos llegar a hacer con más gente colaborando.

    Y de verdad, insisto, que si os apetece participar en el Voluntariado de GLACKMA, pero no sabéis cómo, nos mandéis un correo a glackma@glackma.es, y nosotros os buscamos alguna línea que encaje en vuestras posibilidades y habilidades. De verdad… ¡¡¡hay trabajo para todos!!!

    A modo de ejemplo, al terminar las conferencias de estos días, se nos acerca una traductora y nos dice que ella no puede venir con nosotros a ayudarnos en las expediciones, pero que si necesitamos traducir al inglés, que contemos con ella. ¡¡¡Genial!!! Por supuesto, nos movemos mucho a nivel internacional, su ayuda en las traducciones nos va a ser de una gran ayuda. Otro espectador se acercó a decirnos que va a intentar conseguirnos que podamos impartir cursos de técnicas en hielo y así poder conseguir alguna ayuda económica. ¿Veis lo que os digo? Hay infinidad de cosas en las que podéis participar como Voluntarios.

    Termino con una frase de Andrew Carnegie: “El trabajo en equipo es la habilidad de trabajar juntos hacia una visión común. Es el combustible que le permite a la gente común obtener resultados poco comunes”.

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